Los reyes, soldados, sirvientes e invitados vieron con impotencia cómo se llevaron a Mara y Rubí hacia las afueras del palacio. La duquesa Sonia y el capitán Oro se abrazaron, mientras que los piratas celebraban su pequeña victoria. La mujer miró por última vez a Brida y, con una sonrisa maliciosa, le exigió: - Entrégame cincuenta lotes de oro y diamantes y liberaré a las chicas. Firma tu renuncia al trono y dejaré de atacar el reino. Tienes una semana para prepararlo todo, si no quieres ver el cuerpo de tu hija flotando en alta mar. Una vez que se marcharon, todos los invitados permanecieron en sus puestos mientras intentaban recuperar la calma tras la invasión al palacio. Zuberi soltó a Brida y ésta, ante la vista de todos, le golpeó en la cara. - ¡Majestad! – int

