4.

1504 Palabras
Dos cosas jugaban en contra: el poder de él y la aferración de ella a no bajar la guardia. Dos cosas de las que ellos se sentían orgullosos empezarían a cambiar los planes que ambos tenían. —Agente Zero le mostraremos su área —informa uno de los boyeviki. El hombre dirige el camino y la chica le sigue. Hay mucho recorrido para cruzar los muros de la organización. La Bratva no es de fácil acceso: contiene murallas altas, camaras de vigilancia, sensores de movimiento, patrullas de hombres armados y sistemas de identificación biométrica. Tras cruzar con éxito el gran muro que niega el fácil acceso del infinito patio, empiezan los pequeños albergues de los que sirven a la organización. A Anya no la dejan en ese sitio. El boyeviki sigue caminando hasta entrar en un sitio más cercano a la fortaleza principal. Habían pequeñas casas, un poco más sofisticadas que contenían un codigo en las puertas. «3A0» Es la puerta que le señalan a Anya y la que ella abre determinando lo que se encuentra dentro. «Una vez entras, no sales» La frase se repite en su cabeza cuando se da cuenta que dentro está lo imprescindible para vivir. No es una lujosa casita, ni algo similar a sentirte como en vacaciones. No. Solo habían cosas esenciales como: una cama, un guardarropa y un baño. Para rematar no habían ni ventanas y las paredes estaban pintadas de blanco similando a un cuarto de locos. «Debo mantenerme concentrada para no volverme loca», piensa mientras se lanza a la cama. Se había olvidado de las heridas. Así que se levanta de pronto revisando primeramente la de su brazo. Era tan simple que había dejado de sangrar. Al atender su pie se da cuenta que esta si no ha sido una pasada. Necesita curarla. Se desplaza por toda la habitación buscando algo que ayude, pero no consigue nada. Así que, sale de su habitación para llegar más allá de lo que ha visto. Toma la puerta de atrás, tan pequeña que debe agacharse. No sabe hacia dónde se dirige pero cree que es parte de la mansión. A pesar de entender que es peligroso, no se detiene. El motivo por el que ha llegado ahí pesa. Se introduce en la cocina. Un sitio enorme repleto de calderos grandes y dónde el humo asfixia a cualquiera. Decenas de sirvientas se movían de un sitio a otro. Desde afuera no se notaba más que un desorden, pero ellas seguro se entendían. La Bratva no admite errores. Camina entre los calderos, entre las sirvientas, mirando con atención cada espacio. —Tú —la llaman y ella atiende a la mujer canosa, llena de tatuajes que se le acerca—. ¿Dónde está tu uniforme? —grita—. En esta área solo puedes moverte con uniforme. —Soy nueva —contesta sin amilanarse. La mujer camina con prisas, perdiéndose entre los demás y Anya sigue mirando. Una tela impacta contra su pecho y Anya reacciona. La canosa le ha lanzado el uniforme. —Los viernes la comida está lista a las cinco y media —increpa señalando con el dedo índice—. Ve sirviendo lo que ya está listo. Anya observa las mesas que ya contienen alimentos servidos y se guía por las otras sirvientas, quienes toman un plato cada una, moviéndose hasta el comedor principal. Una de las sirvientas ya regresaban de servir y Anya le entrega sus dos platos mientras se excusa con que no tiene uniforme. Mira hacia los lados intentando husmear en la boca del lobo. Escucha pasos pesados a su espalda y en la pared aledaña se marcaba una gran sombra. Detalla lo que le falta para desaparecer por el pasillo que llegó, pero al ver la sombra se da cuenta que no tiene tiempo. Lo único que hay aquí es una vitrina a lo largo de la pared, pero las puertas son de cristal... «Es lo único que hay» Abre las puertas, ubicándose en el lado derecho donde se ubican arcos e otros instrumentos que han contado hazañas de la mafia rusa. Los pasos se escuchan más cerca hasta que la sombra llega a ese pasillo. Anya intentaba mantenerse tranquila mientras él cuerpo grande de Kai pasaba de largo por la vitrina. —En media hora iré al адское удовольствие —asegura por el móvil. Anya escucha con atención intentando recordar que sitio era ese. No se siente la pierna e intenta moverla con cuidado, tumbando el arco más pequeño, consiguiendo que hiciese ruido. La pelinegra se pone en alerta, ideando como salir de la situación si el líder la descubre. Mueve su mano con la intención de tomar uno de los arcos por si los necesita. No se escucha la voz, tampoco los pasos. Se pone tensa por la sombra que sí percibe, hayándola cada vez más cerca... Pero desaparece. Anya, sale de la vitrina y se acerca a la ventana determinando desde ella varios autos fuera. Con la adrenalina corriendo por sus venas, se aparta de la ventana. La idea de colarse en el club de Kai es arriesgada, pero la necesidad de obtener pruebas es más fuerte que los pensamientos cuerdos. Debe actuar rápido. La mansión de la Bratva es como un laberinto, con pasillos laberínticos y guardias patrullando constantemente. Anya se mueve con cautela, pegada a las sombras. A pesar del dolor en su pierna, se obliga a correr, consciente de que cada segundo cuenta. Cruza la cocina nuevamente, pero no ha llegado a ella por dónde mismo ha salido, lo que le permite seguir descubriendo pasillos. Toma, nuevamente la puerta pequeña para salir al exterior. Los boyeviki custodian los alrededores de la mansión y Anya debe ocupar minutos de su tiempo en estudiar los períodos de tiempo en que pasan delante de ella mientras se agacha entre un arbusto y la pared. Largos minutos le toma la tarea de comuflajearse con los arbustos hasta llegar a la entrada trasera, donde los vehículos de los miembros de la Bratva están estacionados. Más guardias vigilan la zona, pero estos están distraídos, conversando entre ellos y fumando cigarrillos. Anya aprovecha un breve momento de descuido para deslizarse entre dos vehículos y esconderse detrás de un gran contenedor de basura. Desde su escondite, Anya observa los vehículos. Hay un Mercedes Benz Clase S blindado, n***o mate. Es una apuesta arriesgada, pero Anya está convencida de que es su única oportunidad. Kai aparece, escoltado por varios hombres y Anya lo observa con atención desde su sitio. No hay tiempo para dudar. Espera a que Kai se suba al coche y los hombres: dos en los asientos delanteros del Mercedes y los otros de al lado. Con un movimiento rápido y silencioso, se acerca al maletero del Mercedes. No puede abrirlo y tiene poco tiempo. Piensa en que puede servir y parece que el suelo le ilumina la respuesta, mientras una granzúa aparece delante de sus pies. Se apresura en abrirlo y se desliza dentro del maletero, cerrando la tapa con cuidado. El espacio es reducido y sofocante, pero ella se concentra en su objetivo. El coche arranca y comienza a moverse. Anya se aferra a lo que puede, tratando de mantener el equilibrio mientras el coche se desplaza por las calles de Moscú. Después de un trayecto que le parece una eternidad, el coche se detiene. Anya escucha las voces de Kai y sus hombres, que bajan del vehículo y se dirigen hacia la entrada del club. Espera unos minutos, asegurándose de que la zona esté despejada. Luego, abre el maletero con cuidado y sale sigilosamente. Se esconde detrás de un coche cercano y observa la entrada del club. Ve las luces brillantes, escucha la música estridente y observa a la gente elegante que entra y sale del lugar. A simple vista, parece un club nocturno exclusivo. Pero Anya sabe que hay algo más. Decidida a descubrir la verdad, Anya se acerca a la entrada del club y se mezcla con la multitud para entrar. Con sus pintas en el mismo instante donde la perciban, la sacan. Sin embargo, parece estar de suerte los primeros minutos. Solo los primeros... Al cruzar el umbral, se queda de piedra. El interior del club es un laberinto de salas oscuras y lujosas, iluminadas con luces rojas y azules. El aire está cargado de humo de cigarrillo y el olor dulce del perfume y el sudor. En cada esquina se observan: parejas atadas y amordazadas, dominatrices con látigos y cadenas, y personas dispuestas a satisfacer sus fantasías más oscuras. La pelinegra siente un escalofrío en la columna vertebral. Nunca había visto algo así. Este no es un simple club nocturno. Es un lugar donde los límites se difuminan, donde los deseos más oscuros se hacen realidad y donde la moralidad se desvanece en la oscuridad. Anya sabe que ha llegado al lugar correcto. El club de Kai es, sin duda, un centro de operaciones para la Bratva. Ahora, debe encontrar las pruebas que lo confirmen.
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