1.

1609 Palabras
Todos escuchaban de la Bratva, pero poco se hablaba del Pakhan. Porque las grandes contiendas las llevaba una organización que en rango se suponía que eran inferiores. El Boss, el que debía imponer respeto, lo tenía, pero a día de hoy surgía la incógnita si era por algo más o solo porque llevaba el título. Porque no hacía que todos olieran el miedo y el clima se sintiese pesado cuando se concentraran en el mismo sitio que él. Pero él, sí. Kai Sokolov. El Vor v Zakone de Élite, nombrado por algunos como Volk en referencia a ese animal que llevaba tatuado por toda la espalda y que lo representaba a la perfección. Una leyenda, estratega astuto y un ejecutor impecable. El juicio es un espectáculo de horror silencioso, presidido por su gélida mirada. El salón se ilumina por la luz opaca de las lámparas y parece un sepulcro donde los Volki Sibiri y demás miembros de la organización criminal más grande de Rusia, observaban expectantes, la humillación de uno de los suyos. Y sí, el aire olía a miedo, a la fría determinación que emanaba del líder de los Volki Sibiri. Todos quedan delante de él, todos esperan su actuar. Parece que en la Bratva la estructura se respeta, pero no cuando de Kai se trata. Nadie sabía el próximo paso de Sokolov, nadie podía estudiarlo. Su presencia impide cualquier murmullo. Incluso el Pakhan observa con atención desde su asiento de jefe, en el palco. Todos atendiendo el movimiento de él mientras parece una sombra que se cierne sobre todos los miembros de la Bratva. Su traje n***o se funde con la poca iluminación. Sus ojos parecen trozos de hielo. No emite emoción alguna. Se sienta en una de las sillas manteniendo una postura despreocupada mientras se dispone a encender un cigarrillo. No necesitaba amenazar, su mera presencia era suficiente para infundir terror. Introduce su mano en uno de los bolsillos de su pantalón y saca la navaja. Un arma simple e indefensa para todo el que está acostumbrado a aquellas de tamaño responsable. Da una calada al cigarrillo, sin mirar a nadie, pero todos sí están concentrados en él. —¿Cuando nos sentaremos? —murmura uno de los hombres, tan bajo que pensó que era imposible que alguien más lo escuchara o al menos no él, quién estaba a varios pasos de distancia. Kai lanza la navaja a una de sus piernas sin ni siquiera detallarlo haciendo que cayera al suelo ante el dolor. Es entonces que levanta la mirada y lo atiende. —Levántate ahora y tráemela —dictamina Sokolov al hombre y este se asegura de no volver a susurrar nada cuando esté frente a al Vor v Zakone Élite. Con dolor y sin quejarse, se pone de pie y da sin chistar y con firmeza los pasos que faltan para llegar hasta Kai. El líder sigue fumando mientras el hombre extiende la navaja. Kai levanta la vista para observarlo y puede asegurar todos los demás que el pantalón del tipo no tiene en partes el mismo color, sino ha adquirido un tono más oscuro. Saber que hizo el líder luego, pasa de los niveles de entendimiento de todos. Nadie ha percibido el momento donde Kai ha arrebatado la navaja de la mano del hombre que la tenía y la ha lanzado hacia otro de manera ágil. Certero, es la palabra que describe la punta de la navaja incrustada en el abdomen de aquel hombre, uno de los Brigadiri. Kai mira al primero que le ha enterrado la navaja y le ordena sin hablar que vuelva a su sitio mientras se acerca al segundo. Sigue con el cigarrillo, dándole una calada más como si la desesperación no estuviese en su vocabulario. —Andrei, diez millones —comenta con voz autorizaria Sokolov mientras saca la punta de la navaja y se la encaja un poco más arriba—. Tu cuerpo debe sangrar por diez millones de orificios para asegurarme de que el Obshchak reciba un poco de la falta que le has otorgado. El Brigadiri lo mira con horror haciéndose el desentendido, pero no le vale de nada. Kai no falla y esto es una prueba más de que quien quiera jugar con su inteligencia termina pagándolo. Diez millones es una cantidad insignificante para ellos, pero robar a la Bratva se considera traición. Saca la navaja y la encaja en un punto más arriba. Le hace una seña al mismo que apuñalo antes en la pierna para que le alcance la botella de alcohol que se ubica en la mesa de reunión, planeaba porque supuestamente se daría una información, pero Kai hace lo que se le antoja y la reunión era un pago de deudas. Toma la botella que le alcanzan y vierte un poco de alcohol sobre las heridas. El Brigadiri está entrenado para resistir, pero Kai para cernir dolor y respeto sobre todos. El alegó algo y él se dispuso a cumplirlo. Un corte tras otro, sin dejar casi espacio, llenando la piel de orificios que llenaban todo de sangre. Alcohol que no dejaba de arder. El ya perdía la vida mientras que el ruso no se detenía hasta hacer cumplir su palabra. Dolor, ardor, una muerte lenta y dolorosa. Era un trabajo de horas, pero si algo tenía y por lo que se hacía respetar era porque nunca faltaba a su palabra. No mancharía su reputación delante de un grupo de hombres sanguinarios que pertenecían a la organización más letal de Rusia. —Que esto sirva de elección para todos —dice con voz imperturbable después de hacer que todos mirasen su acto de pie y él diese cortes un número ridículo de veces—. La lealtad es la única moneda que tiene valor aquí. La traición se paga con muerte. Mira al Pakhan y este pestañea demostrando solo para los dos, una forma de aceptar una vez más su cometido. Tal vez, los demás tenían dudas, pero el Boss y el Vor v Zakone, tenían claro que ambos están en el sitio que quieren: el primero ser el gran jefe y el segundo estar en constantes batallas. No había problema con ello, Kai no quería el puesto de Pakhan porque no lo necesitaba y el Pakhan quería gozar del poder sin encargarse de actos como estos. Kai camina en dirección a la salida mientras otro de los Brigadiri lo llama. —Volk, lo requieren en el área de informática especial de la Bratva. Han intentando pasar el sistema nuevamente. Pasarlo es casi imposible, lo sabe, pero él no descuida nada. Así que se dirige al área especial queriendo erradicar el mal de una jodida vez. El áreas de tecnología era una fortaleza de lujo: paredes revestidas de cuero oscuro, muebles de diseño sobrio y una vista panorámica de los terrenos de la Bratva y zonas aledañas. Kai se sitúa de pie frente al panel de control, su rostro duro se ilumina con las líneas de códigos que corren a toda velocidad. Alrededor varios de sus hombres, incluyendo al jefe de seguridad: Ivan. —Siguen intentándolo, Volk —informa Ivan con voz tensa. La insistencia del atacante irrita a Kai. Ha enviado una gran fortuna para la protección del sistema. —Rastréenlo —demanda Kai. —Son muy buenos. Usan proxis y firewall en cascada. Cada vez que creemos tenerlo, cambian de ruta —informa Ivan. —El ataque es diferente. No es un script kiddie, ni un hacker novato —agrega Pavel, un joven técnico. Kai levanta un ceja y el joven se calla. Pero el líder no lo hace por ello, sino por interesado a lo que comenta. — ¿Qué sugieres? —cuestiona Kai a Pavel. —Creo que necesitamos... un especialista, alguien que domine mucho mejor las nuevas técnicas, que se perfeccione cada día en el hackeo. Alguien que pueda entender este tipo de ataque... — ¿Estás sugiriendo que no somos competentes? —lo interrumpe con brusquedad Ivan. Kai levanta la mano frenando a Ivan. El jefe de seguridad se debe callar de golpe. —Pavel tienes cinco minutos para detallarme en una lista los mejores hackers, los que se especialicen en este terreno. Pavel asiente porque al Vor v Zakone de Élite nadie le dice que no, pero entiende que la tarea no es sencilla. Así se dispone a trabajar mientras el ruso líder mira la pantalla. Ivan se dispone a hablar del hackeo, pero Kai no lo atiende, solo procura mirar detalladamente la secuencia de códigos de la pantalla. A0. Para nadie era relevante, pero el líder Sokolov notaba como era la tercera vez que los códigos tenían este final. Siguió mirando la pantalla y volvió a percibirlo, otra vez hasta que dejaron de intentarlo. —Listo, Volk —informa Pavel entregando una lista con puño y letra a Kai. Kai le da un rápido vistazo a todas las denominaciones y la otorga la hoja a Ivan. —El nuevo especialista debe aparecer en esta hoja. No quiero cualquier mierda. Uno que soporte lo que implica pertenecer a la Bratva. Haga las pruebas necesarias. Aquí todos tienen la capacidad de hacer de todo, no importa si dominas las computadoras. Ivan asiente tomando la hoja y Kai se retira. Quién sea que esté intentando meterse en el sistema de la Bratva la pagará y el líder Sokolov, lo aseguraba. Hola corazones de melocotón, ¡He vuelto! Vamos a darle mucho cariño a esta historia para que llegue a su final. Tiene un poco de acción, pero el amor y el deseo siempre triunfan en mis páginas. Si estás al tanto cuéntamelo en los comentarios.
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