Kleo Peterson miró la caja de cartón abierta en el suelo del salón, con el contenido esparcido a su alrededor: libros de arte, marcos de fotos vacíos y un jarrón de cerámica que había comprado en un mercado local años atrás. El apartamento de James —ahora su hogar compartido de nuevo— era un caos organizado: muebles cubiertos con sábanas plásticas, paredes desnudas donde cuadros viejos habían colgado, y pilas de cajas marcadas con etiquetas como "Donar" o "Mantener". Habían decidido mudarse juntos dos semanas después de la propuesta renovada, pero con un giro: redecorar todo para eliminar recuerdos negativos. Nada de la boda original, nada que evocara el trato con Richard o los meses de distancia. Era un lienzo en blanco, como su exposición en la galería. James entró desde la cocina, con

