Kleo entró a la oficina con el paso firme y la expresión severa, sin molestarse en disimular el fastidio. Apenas cruzó el umbral, James cerró la puerta tras ella con un giro firme del seguro. El sonido metálico del bloqueo pareció sellar no solo la habitación, sino todo lo que los rodeaba. El silencio cayó como una losa entre ellos. Era tan tenso que Kleo sentía que podía escuchar todo a su alrededor. Mientes que James permanecía de pie, con los brazos cruzados, mirándola como si quisiera descifrar algo que no terminaba de entender. Ella, por su parte, se quedó junto a la puerta unos segundos, sin apartar los ojos de su rostro, impresionada de que su actitud severa cada vez le hacía sentir inquietud. Finalmente, fue ella quien habló. No quería perder su tiempo y no veía que James tuvi

