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1495 Palabras

La sala del tribunal federal era un espacio austero, con paredes de madera pulida y bancos de roble que crujían bajo el peso de los presentes. El aire olía a papel viejo y café rancio de la máquina en el pasillo, y la luz del mediodía entraba sesgada por las altas ventanas, proyectando sombras alargadas sobre el estrado del juez. Kleo Peterson se sentó en la primera fila de la sección de demandantes, con las manos entrelazadas en el regazo y la falda gris ajustada contra las rodillas. A su lado estaba Laura, revisando notas en una libreta, y Niko, quien había tomado el día libre del hospital para apoyarla. James ocupaba el asiento junto a ella, con el traje oscuro impecable pero la corbata ligeramente aflojada, como si el nudo le apretara el cuello. Elias Grant, el abogado principal, estab

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