Tempestad silenciosa

1258 Palabras
**JACK** Mientras me alejé de la orilla, la brisa del océano aún fresca en mi rostro. Sentía la arena bajo mis pies mientras el sol comenzaba a descender en el horizonte, pero mi mente estaba en otro lugar. Laura. Había algo en ella que no podía sacarme de la cabeza, algo que me hacía querer saber más, aunque sabía que no era buena idea. —¡Jack! ¡Hey, Jack! —una voz conocida me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista y vi a mi grupo de amigos en la distancia, cerca de los bungalow del hotel. —¡Aquí! —respondí, intentando sacudir de mi mente la imagen de Laura, pero sin éxito. Me acerqué a ellos, quienes estaban relajados, riendo y charlando con esa despreocupación típica que solíamos tener en este tipo de viajes. Sin embargo, yo no lograba sintonizar con ese ambiente. Algo en mi interior estaba inquieto. —¿Qué pasa, Jack? —preguntó Mike, uno de mis amigos más cercanos, al notar mi silencio—. Estás como en otro mundo, ¿todo bien? Sonreí, intentando parecer despreocupado, pero sabía que no podía engañarlos del todo. —Nada, solo estaba pensando —respondí, aunque sabía que no iba a ser suficiente para ellos. Tom arqueó una ceja y me dio una palmada en la espalda. —Vamos, amigo, estamos en la playa, la arena, el mar, es tu paraíso. Deja de pensar tanto, ya sabes lo que dicen: las olas no esperan a nadie. El comentario me sacó una risa suave, pero mi mente volvía una y otra vez a Laura. ¿Por qué me había dejado tan descolocado? Había algo en sus ojos, algo en la manera en que me había respondido, que me hacía querer acercarme más, aunque supiera que no era el momento ni el lugar adecuado. —Mira, estás demasiado distraído —bromeó Mike, sacudiendo la cabeza—. Creo que necesitamos comida para que te centres. Vamos a cenar, ¿te apuntas? Asentí, agradecido por la distracción. Después de cambiarme nos dirigimos al restaurante del hotel, un lugar elegante pero informal, perfecto para relajarse después de un día bajo el sol. Al entrar, el lugar estaba lleno, pero en cuanto llegamos a la terraza, los vi. Connor y Laura, sentados juntos en una mesa al otro lado, bajo la suave luz de las lámparas. Una punzada de incomodidad que no explicaba me recorrió al verlos allí, pero lo que más me llamó la atención fue la expresión de Connor. Estaba nervioso. Se movía inquieto, y de vez en cuando lanzaba miradas rápidas hacia Laura, como si estuviera esperando el momento adecuado para decir algo importante. Algo no cuadraba en la actitud que conocía de él, y eso me encendió una alarma en el interior. Me senté con mi grupo, pero mis ojos no dejaban de moverse hacia la mesa de ellos. Laura parecía relajada, conversando con Connor como siempre, sin notar su incomodidad. Pero yo sí lo veía. Connor se levantó de repente, murmurando algo a Laura antes de dirigirse hacia el interior del restaurante. Algo me hizo reaccionar, y antes de que pudiera pensarlo dos veces, me puse de pie también. —¿A dónde vas? —preguntó Tom, mirándome con sorpresa. —Ahora vuelvo —dije rápidamente, sin dar más explicaciones. Caminé hacia el interior, siguiendo a Connor. Lo vi entrar en el baño y, en un impulso, me acerqué lo suficiente para escuchar. Sabía que no era correcto, pero algo dentro de mí me empujaba a saber más. Me detuve justo antes de la puerta y escuché su voz. —Estoy nervioso... —Connor hablaba en voz baja, claramente al teléfono—. Ella es mi mejor amiga, y si le confieso lo que siento... podría arruinarlo todo. ¿Y si hago que nuestra amistad se rompa? ¿De qué estaba hablando Connor? murmure para mi mismo. En eso escuche la voz del otro lado del teléfono era clara, aunque no la reconocía. —No seas idiota, Connor. Has estado preparando este momento desde hace mucho. Es ahora o nunca. Me apoyé contra la pared, procesando lo que acababa de escuchar. Connor estaba enamorado de su mejor amiga. Eso lo cambiaba todo. Al enterarme de su secreto, sentí una mezcla extraña de emociones. Por un lado, me irritaba. Y por otro... ¿por qué me importaba tanto? Esperé a que Connor saliera del baño, aún pensado como utilizaría esta información a mi favor. Cuando finalmente lo hizo, su expresión había cambiado. Se veía decidido, aunque aún nervioso. Pasó junto a mí sin notar mi presencia, regresé a la terraza un poco después, fingiendo que nada había pasado. Cuando llegué de nuevo a la terraza, mis amigos me miraron con curiosidad, pero yo solo asentí, sin querer dar más explicaciones. Mis ojos volvieron inmediatamente a la mesa de Connor y Laura. Vi cómo Connor regresaba a su asiento, claramente perturbado. Este es mi momento. En un impulso, me levanté y me dirigí directamente hacia ellos. Mis amigos me llamaron, pero los ignoré. No podía dejar pasar la oportunidad. Laura me vio acercarme y su expresión cambió de inmediato. Connor también me vio, su rostro se endureció. — ¿Qué demonios haces aquí? —espetó Connor, su voz cargada de enojo, visiblemente irritado por mi arrepentida aparición. Le dediqué una sonrisa, una que no ocultaba mis intenciones. Era el tipo de sonrisa que provocaba, que desafiaba. —¿Qué pasa, Connor? —dije, con burla velada—. Te ves nervioso. ¿Problemas con la comida? Connor se levantó de su asiento, la irritación tensando cada músculo de su cuerpo. Y, por alguna razón, su incomodidad me deleitaba. —No empieces, Jack. No es el lugar ni el momento —dijo entre dientes, esforzándose por mantener la composta —Tranquilo —respondí, fingiendo calma—. Solo vine a observar una "propuesta". ¿No puedo hacer eso? Laura me miraba desconcertada, mientras la tensión escalaba rápidamente. Connor apretaba los puños, claramente listo para saltar en cualquier momento. Me acerqué un poco más, lo suficiente para susurrarle al oído, con una sonrisa venenosa dibujada en mis labios. —Ya te rechazó... o todavía no Sabía que lo había empujado demasiado. En un movimiento rápido, Connor intentó apartarme de un empujón, pero perdió el equilibrio y cayó hacia un lado, golpeándose el hombro contra la mesa. —¡Connor! —exclamó Laura, poniéndose de pie de inmediato para ayudarlo. Se agachó junto a él, mirando su hombro con preocupación. —¿Estás bien? —le preguntó ella, mientras lo ayudaba a levantarse. Connor frunció el ceño, claramente adolorido, pero más humillado que otra cosa. —Sí, estoy bien —gruñó, mientras se llevaba la mano al hombro. Laura lo miró con preocupación, su rostro tenso por la situación. —Será mejor que nos vayamos —le dijo a Connor—. Necesito ver cómo está ese golpe. Connor asintió, todavía enojado, y se dejaron la terraza. Me quedé allí, viendo cómo se alejaban. Una pequeña sonrisa se formó en mis labios. Sabía que había arruinado su momento, pero no podía evitarlo. Algo en mí disfrutaba ver cómo las cosas se desmoronaban para Connor. Volví con mi grupo de amigos, quienes me miraron con sorpresa por lo que acababa de suceder. —¿Qué demonios fue eso, Jack? —preguntó Mike, incrédulo. —Nada, respondí, mientras me sentaba y cogía mi vaso, sonriendo satisfecho. Susurre en mi interior: Connor, la tempestad entre tú y yo, apenas acaba de comenzar.
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