Olas de emociones

1216 Palabras
La tarde caía lentamente, y con ella una calma envolvente se apoderaba del hotel. Tras la tensión de la mañana, decidí que lo mejor sería salir a despejar mi mente. El bullicio de los turistas en el vestíbulo no hacía más que aumentar mi ansiedad, así que opté por algo que siempre me daba paz: caminar por la playa. La brisa del océano era fresca y ligera, acariciando mi rostro con suavidad mientras me descalzaba en la arena tibia. El sonido de las olas rompiendo contra la orilla tenía un efecto casi hipnótico, ayudándome a liberar las emociones atrapadas tras el incómodo encuentro entre Connor y Jack. Todo parecía tan simple bajo la luz del atardecer. Caminé sin rumbo fijo, perdiéndome en mis pensamientos. Me preguntaba cómo sería para Connor enfrentarse nuevamente a Jack. Sabía lo mucho que significaba para él esta competición, y cómo la derrota del año anterior lo había afectado. Pero algo más me inquietaba… Jack. Esa mirada, esa sonrisa arrogante que había dejado una huella que no podía sacudirme. Justo cuando pensaba que el tiempo a solas me ayudaría a despejar mi cabeza, lo vi. Estaba unos metros más adelante, en la orilla, con las manos en tabla de surf, observando el mar. El viento desordenaba su cabello oscuro, y había algo en su postura que parecía... diferente. Parecía más relajado, menos imponente que en la mañana. Quizás era el ambiente, o tal vez simplemente yo lo veía de otra manera. Me detuve un segundo, dudando si seguir adelante o dar media vuelta. No quería volver a sentirme atrapada en esa marea de emociones que él había desatado antes. Pero antes de que pudiera decidir, él giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los míos. —Vaya, vaya... sí es Laura, la amiga del segundón. ¿Qué haces por aquí? —dijo, con esa sonrisa ladeada que parecía burlarse de todo. Mi corazón dio un vuelco, pero intenté mantenerme tranquila. No debía dejar que me intimidara. —Solo estoy dando un paseo —respondí, intentando sonar casual, aunque sabía que mi tono me delataba. Jack caminó hacia mí, sus pasos en la arena eran lentos, como si quisiera medir cada uno de mis movimientos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pude ver ese brillo peculiar en sus ojos, esa mezcla de curiosidad y algo más, algo que me ponía nerviosa. —¿Y qué tal va tu paseo? —preguntó, pero su tono no era exactamente amistoso. Era más bien inquisitivo, como si buscara algo en mis palabras. —Relajante... hasta hace un momento —respondí, intentando ocultar el leve temblor en mi voz. Sabía que estaba intentando mantener la conversación ligera, pero la verdad era que su presencia volvía a desestabilizarme. Jack soltó una pequeña risa, mirando hacia el mar por un instante antes de volver a clavar su mirada en mí. —¿Es cierto que ustedes dos son solo mejor amigos? —preguntó de repente, con la misma sonrisa burlona, pero ahora con una intensidad en los ojos que me hizo sentir como si estuviera probando algo. —¿Perdón? —fruncí el ceño, sin entender del todo a qué se refería. Pero sus palabras me molestaron. —Lo digo por lo que vi esta mañana. Como si su vida girara en torno a ti —continuó, esta vez sin molestarse en suavizar el tono. Era una provocación, y lo sabía. Me crucé de brazos, tomando una bocanada de aire antes de responder. —Connor es mi amigo, mi mejor amigo. Nos conocemos desde niños, en cambio tu no me conoces y eso no te da derecho a hacer suposiciones sobre mi vida. Jack me observó detenidamente, sus ojos centelleaban con algo que no podía descifrar. No estaba acostumbrada a este tipo de confrontaciones, y mucho menos con alguien como él. Había algo en su mirada, una especie de desafío oculto que me inquietaba profundamente. —Tranquila, no tienes que estar a la defensiva —dijo con voz suave, pero con esa arrogancia que no abandonaba sus palabras—. Solo me parece curioso. No es algo que se vea todos los días, alguien tan... —hizo una pausa, sus ojos recorrieron mi rostro lentamente— tan leal. Sus palabras, aunque disfrazadas de un cumplido, no dejaban de sonar como un reto. Me sentí expuesta, como si supiera más de lo que debería, como si estuviera jugando un juego en el que yo ni siquiera conocía las reglas. —No entiendo por qué te importa —dije, sin apartar la vista de él, tratando de mostrarle que no me dejaría intimidar tan fácilmente. Jack dio un paso hacia adelante, invadiendo mi espacio personal de forma calculada. Su proximidad era abrumadora; podía sentir el calor de su cuerpo y la intensidad de su mirada, tan profunda como el océano que nos rodeaba. Su presencia parecía acorralarme, pero también despertaba algo dentro de mí. Sus ojos, de un azul insondable, no me dejaban ninguna salida. —No lo sé, Laura. Tal vez me interese más de lo que debería —su voz, baja y cargada de una emoción que no terminaba de descifrar, parecía resonar directamente en mi pecho. Sus palabras me dejaron sin aliento. Mi corazón se aceleró, y por un segundo me perdí entre las múltiples interpretaciones de lo que acababa de decir. No sabía si la creciente tensión entre nosotros era lo que me hacía latir tan rápido el corazón, o si era el poder que ejercía sobre mí con esa simple declaración. El viento comenzó a soplar con más fuerza, arremolinando mi cabello y trayendo consigo el rugido distante de las olas. Sin embargo, en ese instante, el único sonido que realmente escuchaba era el estruendoso latido de mi corazón, acompasado por la voz de Jack, que seguía repitiéndose en mi mente. Antes de que pudiera reaccionar o decir algo más, Jack rompió la tensión al dar un paso atrás. Sentí un vacío inmediato, como si su retirada dejara una brecha invisible entre nosotros. Era como si un encantamiento se hubiera deshecho de golpe. —Nos vemos, Laura —dijo con una sonrisa ladeada, una expresión tan enigmática como él mismo, antes de girarse y comenzar a alejarse por la playa, con la brisa jugando en su cabello. Me quedé allí, observándolo mientras se alejaba, aun tratando de comprender lo que acababa de suceder entre nosotros. Mi mente estaba en caos, con preguntas sin respuestas y una sensación de incertidumbre que me envolvía. El sonido repentino de mi teléfono me sacó de mi ensueño. Un mensaje de w******p: era Connor. ¿Dónde estás?, preguntaba. Sin pensarlo demasiado, respondí rápidamente: En la playa. Su respuesta llegó casi al instante: Te espero en el restaurante para cenar. Resoplé levemente, más como una manera de obligarme a regresar a la realidad que me rodeaba. Voy de regreso, le respondí. Pero antes de comenzar a caminar, levanté la mirada hacia el lugar donde Jack había desaparecido, como si esperara verlo de nuevo. Un nuevo mensaje de Connor llegó: Después de la cena, tengo algo importante que preguntarte. Suspiré, mi corazón aún desbocado por el encuentro con Jack, pero ahora también empezaba a latir con una mezcla de curiosidad y temor por lo que Connor tenía en mente para esa noche.
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