Marea de tensiones

1096 Palabras
Vi cómo Jack se abría paso entre el tumulto de periodistas con la misma facilidad con la que habría sorteado una ola en su tabla de surf. Caminaba con una seguridad que rozaba la arrogancia. Cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca para vernos, su sonrisa se ensanchó, pero no era una sonrisa amigable, sino una llena de desafío. —Vaya, vaya... si es el eterno segundo lugar, Connor Hayes —dijo Jack, dejando caer las palabras como si fueran cuchillos. El tono de su voz goteaba superioridad, y los ojos de Connor, que estaban clavados en él, se aguantaron aún más. Connor presionó los labios, sus manos formando puños a ambos lados de su cuerpo. Sabía que estaba molesto, podía sentirlo en el aire, pero cuando le respondió, su voz era controlada, aunque cargada de una ira contenida. —Al menos yo no necesito esconderme detrás de los flashes para sentirme relevante, Sullivan —contestó Connor, sin desviar la mirada. El silencio que siguió fue tan peso que me obligué a moverme, a hacer algo para romper esa tensión creciente entre los dos. Jack no se inmutó; por el contrario, dio un paso más cerca de Connor, disfrutando del impacto que causaba. —Es curioso cómo siempre tienes algo que decir... pero nunca eres tú quien sostiene el trofeo al final —replicó Jack, cargando la cabeza con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Pero te entiendo, la presión de ser siempre el segundo puede ser... aplastante. Vi cómo Connor respiraba hondo, intentando contenerse. Estaba tan tenso que me preocupaba lo que podría hacer si la situación se salía de control. No podía dejar que esto empeorara. Sin pensarlo dos veces, extendí la mano y cogí a Connor del brazo. Lo sentí rígido bajo mis dedos, pero el contacto pareció sacarlo de ese trance de rabia en el que estaba cayendo. —Connor, ¿todo bien? —le susurré, mirándolo a los ojos, intentando transmitir calma. Connor me miró de reojo, y aunque se inclinaba ligeramente, sus ojos seguían fijos en Jack. Sabía que no estaba bien. Estaba furioso, y la presencia de Jack solo estaba avivando ese fuego. —Nos vemos en el mar, Jack —dijo Connor al fin, apretando las palabras entre los dientes. Jack no pareció inmutarse ante la advertencia. Al contrario, parecía disfrutar del retorcido juego que estaba construyendo, como si fuera el autor de una situación cuidadosamente orquestada. De repente, como si hubiera sentido el peso de mi mirada sobre él, se giró hacia mí con una lentitud que solo intensificaba la tensión. Sus ojos, de un azul profundo y helado, me atraparon. Eran intimidantes ya la vez fascinantes, como el océano en su punto más oscuro. Cuando finalmente habló, su voz, aunque más suave, no perdió ni un ápice de su amenaza subyacente. —¿Y tú? —preguntó, mientras su mirada recorría cada detalle de mi rostro con una curiosidad distante y calculada—. ¿Eres la nueva novia de Connor? Su burla era clara, y aunque sus palabras me provocaron una oleada de molestia, algo en la forma en que me observaba me desarmó por completo. Fue como si me hubiera arrancado todas las defensas, dejándome expuesta y vulnerable. Mi corazón latió con fuerza y ​​sentí que el calor ascendía rápidamente a mis mejillas, dejándome sin saber cómo reaccionar. La incomodidad me envolvió, mientras trataba de encontrar palabras que simplemente no llegaban. Antes de que pudiera decir algo, Connor intervino, su voz firme pero cargada de tensión: —Ella es Laura, mi mejor amiga —dijo, su tono claro y protector—. Y no tiene nada que ver con esto. La mirada de Jack no se desvió de mí ni por un segundo, pero algo en sus ojos brilló brevemente, como si encontrara un nuevo punto de interés. Su expresión era la de alguien que disfrutaba con la incomodidad ajena, pero había algo más profundo, algo más peligroso y calculador en sus intenciones. Sus ojos se deslizaron lentamente hasta mi mano, que aún estaba apoyada en el brazo de Connor, antes de volver a enfocarse en mi rostro. —Bien, Laura... —dijo, alargando deliberadamente mi nombre mientras una ligera sonrisa arrogante asomaba en sus labios—. Creo que nos veremos seguido. Aunque su tono era más suave, no dejó de transmitir esa oscura arrogancia que me causaba una creciente sensación de inquietud. Como si su promesa estuviera cargada de advertencias silenciosas, llenando el aire con una tensión palpable que no sabía cómo disipar. Con una última sonrisa, Jack se giró hacia los periodistas, que no dejaban de seguirlo, como si fuera el epicentro de un huracán. Todo giraba a su alrededor. Incluso cuando se alejaba, la tensión en el ambiente seguía palpitando. Miré y Connor. Estaba rígido, aún furioso, y no lo culpaba. Sabía lo importante que era para él esta competición, y Jack no hacía más que recordarle la herida abierta de su derrota. —¿Estás bien? —le preguntó de nuevo, intentando que esta vez respondiera con más sinceridad. Connor soltó un suspiro, relajando los puños. —Sí... Estoy bien. Solo que Jack... siempre sabe cómo hacerme hervir la sangre —admitió, mientras miraba hacia donde se había ido el surfista. Luego, sus ojos volvieron a los míos—. Pero este año será diferente. Voy a ganarle, cueste lo que cueste. Intenté darle una sonrisa tranquilizadora, pero algo en mí aún estaba inquieto. No era solo la rivalidad entre ellos, sino la forma en que Jack me había mirado. Había algo en él que no podía sacarme de la cabeza. El hotel se fue calmando lentamente cuando los periodistas empezaron a dispersarse. Connor y yo nos dirigimos hacia el ascensor en silencio, y aunque ambos intentamos dejar atrás la tensión del encuentro con Jack, sabía que este día no lo olvidaríamos tan fácilmente. Cuando llegó el ascensor, nos quedamos en silencio. Ambos teníamos cosas en la cabeza, pero decidimos no decir nada más. Sabíamos que la verdadera tormenta aún no había comenzado . —Nos vemos mañana —me dijo Connor antes de entrar en su habitación, su tono más relajado ahora. —Sí, descansa —le contesté, forzando una sonrisa mientras él desaparecía detrás de la puerta. Entré en mi propia habitación, pero mi mente seguía en esa recepción, en la mirada de Jack y en la tensión entre él y Connor. Algo me decía que este viaje no iba a ser solo una simple aventura de vacaciones. Algo había cambiado ...
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