Julio llegó a la casa de su suegro para dejar a Val, consciente de que Julia permanecía todavía en el interior de la residencia familiar. Ella, sumida en su dolor y resentimiento, decidió no descender del segundo piso, pues lo que menos deseaba en ese momento era encontrarse cara a cara con Julio, quien le había causado una profunda herida física durante los acontecimientos recientes. Los abuelos Peralta, recibieron con gran entusiasmo y calidez a su adorada nieta Val, extendiéndole sus más sinceras felicitaciones por su cumpleaños. Con ternura le sugirieron que subiera rápidamente a su habitación especial, donde le aguardaban numerosos obsequios seleccionados y envueltos. Rebosante de alegría y expectación, Val ascendió velozmente por las escaleras de mármol, dejando involuntariamen

