Profundamente indignado y con una mezcla de vergüenza y frustración por la manera en que Julia había perdido completamente los estribos y estaba arruinando sin contemplaciones la reunión del cumpleaños de Val, Julio se acercó a ella con pasos firmes y decididos para que liberara inmediatamente a Katy, quien se encontraba acorralada contra la pared. Con movimientos rápidos y precisos, la envolvió firmemente en sus brazos musculosos y la alejó, llevándola prácticamente a rastras hacia la parte izquierda de la casa, donde los invitados no presenciarían la acalorada discusión que estaba a punto de desatarse entre ellos. Era realmente vergonzoso y humillante para él este tipo de escenas bochornosas. No habría querido jamás, ni en sus peores pesadillas, que sus amigos más cercanos y apreciados

