Ruth miró hacia abajo con una mueca de duda. Alzó su mentón y tragó saliva. Se sujetó de el borde de la ventana y observó a Elena a su lado, quien se mantuvo de brazos cruzados y le lanzaba miradas de aburrimiento. —Salta. —Está loca —aseguró la joven dando un decidido paso atrás. —No estoy loca, soy una visionaria —contestó la mujer de cabello blanco; esta se acomodó su armadura amarrando las cuerdas de la parte metálica de sus brazos con los dientes y continuó—; lo que pasa es que desde arriba todo se ve más lejos, ya verás que desde abajo está justo ahí mismo. Lo verás cuando saltes, pero deberías hacerlo ahora. estas personas están a punto de despertar y no queremos problemas, ¿o si? —¡No voy a saltar! —susurró Ruth alterada—. Si llego a ver la diferencia será porque tengo las PIE

