Capítulo 34

276 Palabras

Para cuando Ruth abrió los ojos, Elena estaba de pie. La joven se espabiló y velozmente se sentó en el en sitio, al borde de la cama, con los pies muy juntos y sin tocar el suelo, que estando descalza se debía estar bastante frío. Casi que suelta un chillido agudo al intentar hablar sin querer asustar a Elena, o quizá fue por cierta vergüenza. Ya no sé sentía como por el día. Por el día se sentía cona suficiente valentía como para llevarle la contraria a todas esas personas que apenas conocía, arriesgándose. Pero ahí, estaba asustada otra vez; como cuando despertó en la cueva arrasada por el enemigo. El enemigo... ¿Por qué lo sintió personal? ¿enemigo de quién? ¿de los demás o suyo? ¿y quién, y por qué...? —¡Santo Dios! —gritó Elena con el corazón acelerado a más no poder; se había g

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