Narra Athalia. — Lo que necesite solo tiene que decirme, espero que pueda descansar — le dije a la señora Georgina que había llegado de sorpresa a Madrid, para ver a su hijo. No tienen idea de lo que me sorprendió verla llegar, no me lo esperaba, realmente nadie lo hacía. Su mirada rota me dijo tantas cosas, cuando vio como estábamos reunidos, todos menos ella. Y sin saber, claro está. —Gracias por ser tan amable, Athalia, pero no entiendo absolutamente nada. Es como si me hubieran borrado la memoria, así siento — se sentó en el borde de la cama. Yo me iba a ir, estaba a punto de dejarla sola, pero ella me impidió mi huida con esas palabras. Y pues bueno, no tenía excusas para marcharme. Mi familia ya había emprendido su camino, Anthony compró un carrito con el que ahora se mov

