Narra Athalia. Acostados ambos en la cama, recién levantados, con nuestros dedos entrelazados, mi cabeza en su pecho y con su otra mano libre acariciando mi espalda desnuda, teníamos una conversación necesaria, justo después de haber hecho el amor. —¿De verdad te vas a ir? —lo escuché preguntarme. Sé que lo único que no le había caído bien era la noticia de la beca en Roma. Lo miré a los ojos. —Eso quiero — le dije mirándolo desviarme la mirada. Su silencio realmente me dolió. —¿No quieres que me vaya? — le pregunté. —Pues no, realmente no quiero — me contestó con aquel tono de voz apagado. Suspiré. —Solo será un mes y quince días y me tendrás de vuelta — le dije acariciando su barba. —Permíteme, me voy a dar un baño, mamá se levanta temprano — me pidió permi

