Narra Asher. —¿A dónde me llevas? — me hubiera gustado que durante todo el camino se mantuviera callada, pero a ver, eso era imposible, y debí pensarlo desde un principio. —Es una sorpresa, y se supone que las sorpresas no se dicen — le dije rodando los ojos. —¿Vamos muy lejos? — Santo Dios. Suspiré. Si algún hombre me lee, ¿tu novia habla mucho igual que la mía? Athalia a veces me enloquecía. Y cuando peleaba era que realmente me hacía chocar las campanas en mi cabeza, les juro que me hacía doler hasta los ojos cuando estaba enojada, porque no era de esas mujeres que guardaban silencio y entonces es el hombre quien tiene que adivinar qué le pasa, NO, Athalia no es así. Ella habla sin parar, repitiendo lo mismo una y otra vez, dejándome muy claro lo que le enojó. Pero en

