Narra Athalia. Asher era completamente un cubo, uno de esos juegos geométricos que había que armar, o más bien, aprender a armar. Era un hombre que había vivido muchas cosas, pero le faltaban otras más importantes todavía. Estaba convencida de que con la ayuda correcta podría ser el hombre de ensueño. —Te juro que la experiencia sería aún más bonita si lo corriera— pero aún no aprendía que había que apreciar lo que se vivía. Dentro de su auto nos encontrábamos él y yo, como lo había dicho una vez, disfrutando de unas hamburguesas, acompañadas de una cerveza para él y una soda de sabor uva para mí. Asher sentado en el asiento de conductor y yo en el de copiloto. —No creo. Aunque corriera nos habríamos parqueado en algún estacionamiento para comernos estas hamburguesas. Así que, nada

