Atlas
No pensé que esta pequeña humana fuera mi destinada. Los Niburianos solo tenemos una pareja de por vida: si uno muere, el otro lo hace igual.
Las mujeres humanas son totalmente diferentes a las nuestras, ellas son más pequeñas y con muchas curvas.
Entro en mi habitación. No reclamaré a mi compañera ahora mismo, ya que quiero darle tiempo para que se acostumbre a mí y a su nueva vida. La bajo lentamente de mi hombro; es una humana muy pequeña, aquellas que están en el harem de mi padre son un poco más altas que ella.
Le podría hacer daño cuando por fin nos apareemos por primera vez y pensar en lastimarla me causa un dolor inexplicable en la boca de mi estómago.
—Toma un baño, pequeña, hablaremos después de que te limpies correctamente —Ella solo asiente y aleja su mirada de mí, para luego ver toda la habitación en la que nos encontramos.
—¿Dónde está el baño? —Me mira directamente a los ojos, teniendo que levantar la cabeza.
—Ven —Tomo su diminuta mano—. Tómate tu tiempo —Abro la puerta del baño. Ella pasa de inmediato, permitiéndome sentir su delicioso aroma.
Ni siquiera han pasado más de diez minutos y ya me estoy desesperando. No sé por qué le dije que se tomara su tiempo ni tampoco soporto no tenerla junto a mí.
Me levanto para entrar al lugar y encontrar respuesta a su demora, cuando de repente se abre la puerta y ahí está mi personita, con una toalla gigante alrededor de su pequeño y curvilíneo cuerpo.
Justo en la cama hay uno de esos pijamas de seda que ocupan las mujeres de este palacio, aunque no estoy seguro si le quedará.
—Póntelo —Señalo la prenda. Ella se limita a asentir, tomarlo e irse de camino hacia el cuarto de baño—. Quiero que te lo pongas frente a mí —Sus mejillitas se tornan de color rojo.
—Yo...no quiero hacerlo —contesta cabizbaja, mirando sus pies—. Nunca he estado desnuda frente a alguien.
—Si te hace sentir mejor, no miraré, cámbiate aquí —Volteo para quedar frente a frente con la pared. Ocupo todas mis fuerzas en no espiar por el rabillo del ojo y observar su cuerpo desnudo en mi habitación. Soy un hombre de palabra, por lo que debo cumplir con lo que prometí.
—Ya está, gracias —Noto una sonrisilla en su rostro.
—Necesitamos hablar sobre lo que pasará a continuación. Nos aparearemos cuando te sientas preparada.
Frunce el ceño.
—No entiendo... Se supone que si soy tu concubina puedes hacerlo cuando tú quieras, no en el momento en que yo me sienta lista.
—No serás mi concubina —Si ella pudiera fruncir el ceño más de lo que ya está, estoy seguro que lo haría—. Serás mi pareja, próxima reina —Sus ojos se abren mucho, ¿acaso es tan raro lo que acabo de decir?
—Creí... que me habían traído para ser tu concubina.
—De hecho, sí lo hicieron. No pensé que fueras mi pareja, solo tendremos un ligero cambio de planes.
***
—No pensé encontrarla, hermano, no creí que Janet fuera mi pareja, no sabes lo que me dolió verla llorar ese día —Había pasado exactamente una semana desde que trajeron a las chicas, Warnar y yo tuvimos suerte de encontrar a nuestra destinada.
—Sí, yo tampoco pensé en hacerlo, pero ni siquiera sé cómo acercarme a ella.
—Tú solo quieres que salga perfecto, con Janet dejé que las cosas fluyeran esa noche, no me sorprendería, Sé que tiene a mi descendencia ahora.
—¿Cómo...? Si Janet es casi del mismo tamaño que Eva —Me mira con una sonrisa.
—Ella me explicó algo y sigo sin entender... Me asusté mucho cuando en nuestra primera noche sangró, pensé que la había lastimado, pero me dijo que era normal en una mujer que jamás había estado con alguien en un ritual de apareamiento —Su comentario me hace abrir los ojos... ¿Sangran?
Cuando estoy a punto de decir algo, Janet entra junto a Evangeline. Ambas se hicieron muy buenas amigas en esta última semana y me gusta mirar feliz a Eva.
—Warnar...tengo que hablar contigo —Mi hermano se levanta y se lleva a su pareja en sus brazos; los veo salir de la habitación, dejándome solo con mi pequeña.
—Creo que Janet está embarazada, me dijo que tuvo un atraso —sonríe.
—¿Tú ya has estado en un ritual de apareamiento? —Me miro unos segundos para luego ponerse totalmente roja. Es divertido en los humanos que puedan cambiar el color de sus rostros a carmesí.
—Mmm...no, yo nunca he estado en uno.
—Mi hermano me explicó algo y no entendí, pero sé que tú me sabrás explicar mejor... —El tono de su rostro se intensifica—. ¿Por qué algunas hembras de tu especie sangran?
—Eso...es porque nunca han estado con un hombre...
—Ohhh, ya entiendo —Hago una pausa— Entonces tendré que tener mucho cuidado contigo.
Puede que la pareja de mi hermano sea casi del mismo tamaño que la mía, pero Janet es un poco más alta que Evangeline.
Este día fue el mejor en mucho tiempo: no me separé de Evangeline en ningún momento, luego mi hermano me dio la noticia (su destinada tendría a su futura descendencia).
Tengo que encontrar el momento adecuado para poder procrear con mi pareja, quiero que ella se sienta cómoda y pueda confiar su pequeño cuerpo curvilíneo a mí.
Ella sale del área de limpieza con una gran toalla a su alrededor. Me mira un momento para luego acercarse a mí, toma una de mis manos en las suyas mucho más pequeñas. Las acerco a la toalla y esta cae, revelando su cuerpo desnudo. Llevo mi mano a su pequeño pecho el cual aprieto, ella suelta un leve gemido.
—¿Estás segura, pequeña? No quiero hacerlo si tú no estás lista —Sus ojos tienen un reflejo de toda la pasión que siente en este momento; mi pequeña necesita que la atiende, pero primero necesito que me diga si está preparada para entregarse a mí.
—Sí, estoy preparada, Atlas... te necesito —gime cuando pellizco de nuevo su pecho.
—Entonces siéntate sobre mí, hermosa.