TRES

1037 Palabras
Atlas Mi pequeña se sienta sobre mí. Esta es la mejor manera, ya que mis cuernos podrían lastimarla si me posiciono sobre ella. Para la primera vez es mejor que ella esté a cargo. La ayudo a quitarme los pantalones y sacar mi gran erección. Ella traga en seco. —Es muy grande... ¿Y si no encaja? —Yo me encargaré de que lo haga —La beso en los labios, metiendo mi lengua en su pequeña cavidad. Eva aprieta mis hombros, acercándose más a mí y se separa por la falta de aire. Con mucho cuidado la levanto lo suficiente para que mi polla pueda entrar en su diminuta entrada. No estoy seguro cuánto daño le podría causar, espero que no mucho. Eso me tiene muy preocupado. La guío para que baje poco a poco y de repente ella grita de dolor. ¡Mierda! Ni siquiera voy por la mitad y ya le hice daño. —Lo siento, cariño. —Está bien, solo déjame acostumbrarme un poco... No sé si es buena idea decirle que no estoy totalmente dentro. —Cielo, ni siquiera estoy totalmente dentro de ti —Sus ojos se abren con sorpresa. Entro unas pulgadas más hasta que está cerca de mi base. —No puedo... me siento tan llena —gime—. Necesito que te muevas, intenta mover sus caderas más abajo... —Lo haremos poco a poco —Seguido de esto, comienzo a moverme dentro de ella. Es tan apretado y mojado... Lanza un grito cuando la pongo sobre la cama conmigo encima. Sigo con los movimientos lo suficientemente rápido para que, con cada estocada, otra pulgada de mi m*****o entre en ella. —Atlas... Se siente tan bien... Cre-creo que estoy por correrme... —Vamos cariño, córrete sobre esta gran polla y saca toda mi semilla... —Es...muy grande y gruesa... —jadea—. ¡Se siente tan bien! Se corre con un gran grito y segundos después termino yo también. Cierra los ojos, totalmente cansada. Veo mi semilla saliendo de su pequeño coño y no entiendo cómo fue capaz de tomarme por completo. Hay un pequeño rastro de sangre en las sábanas de la cama. Espero no haberle hecho mucho daño, aunque nunca entendí el porqué de la sangre, solo deseo que no pase cada vez que estemos juntos y que ella esté bien ahora. Evangeline No puedo creer lo que hice: le entregué algo muy preciado a este gigante alienígena. Al principio quise escapar, pero con el tiempo que he estado pasando con él, no me imagino yéndome de este castillo. Él está profundamente dormido, su piel azul se ve un poco más clara que la de los demás. Por supuesto cómo olvidar los cuernos de su cabeza, son muy grandes. Él siempre piensa en todo, incluso en cómo no bañarme con él para no lastimarme con sus cuernos. Recuerdo muy bien la primera vez que me dijo su nombre, fue un día después de que me trajeran aquí: Ni siquiera deseaba estar en este lugar. Encontrar una manera de escapar sería lo más difícil del mundo. Tenía mucho miedo. Si me encontraban tratando de irme, acabaría en esas horribles mazmorras. Además, aquel gigante azul no había dejado de mirarme desde que me cambié y no sabía qué hacer. Después me explicó no sé qué cosa de compañera, pero son cosas que no terminaba de entender. —¿Puedes decirme tu nombre, pequeña humana? —Me miró con sus ojos tan oscuros que parecían ocultar millones de secretos. —Evangeline, pero puedes decirme Eva... ¿Y el tuyo? No quiero tener que decirte "Azul". Él estalló en risas. Espera, ¿le había causado gracia? Su risa era ronca y un poco rara. —Soy Atlas, Príncipe heredero. Desde ese momento él me trató como una verdadera compañera: nunca hizo nada que yo no quisiera, aunque esto no lo sabe su padre, o quién sabe, ese señor tiene gran conocimiento de lo que transcurre en estas paredes... Me levanto para ir a la cocina antes de que mi gigante azul se despierte. Me visto con el camisón de seda que me queda gigante. Al llegar a la cocina preparo un poco de té y luego regreso a la habitación, pero antes de poder avanzar, una voz me detiene: —¿Crees que por ser su concubina él te amará? Solo eres un pedazo de carne que le dará un heredero — Volteo a ver, encontrándome una hermosa mujer Niburiana, la que supongo debe ser de las pocas que quedaron con vida—. Te aseguro escoria, que, si la enfermedad no hubiera llegado a nuestra especie, él sería totalmente mío. No sé si te informaron que me casaré con él y cuando tú tengas a su hijo, te lo quitarán y pasarás a ser parte de las criadoras. No puedo estar más sorprendida con la información. ¿Quitarme a mi hijo? No quiero eso. Debí escapar cuando tuve la oportunidad de hacerlo. Mis ojos arden por las lágrimas no derramadas. ¿Atlas es capaz de hacerme esto? No quiero que sea verdad, quiero que me digan que es mentira. Sorbo mi nariz y entro a la habitación antes de que la Niburiana pueda soltarme algo más doloroso. Coloco el té en la pequeña mesita. No quiero estar aquí, pero parece que el destino esta contra mí: mi guapo gigante azul está mirándome con su ceño fruncido. —Pequeña, ¿qué pasa? —Apenas termina la pregunta, las lágrimas caen por mis mejillas. Él se levanta rápidamente y se acerca—. ¿Quién ha hecho que tus hermosos ojos goteen? Me encargaré de acabar con quien lo hizo. —Te casarás con alguien más. Me acabo de enterar, y no solo eso, me quitarás a un futuro hijo. Su mirada está llena de furia, pero no va dirigida a mí. —Al principio ese era el plan, pero no me casaré con nadie a menos que seas tú y eso incluye que tengas mi marca en tu cuello —Cuando estoy por preguntar sobre ello, sus dientes se afilan y me muerde. Escucho que susurra un "mía", para luego notar que mi alrededor se vuelve oscuro.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR