CINCO

1141 Palabras
Evangeline ¿Cómo se actúa frente a un rey Niburiano? No quiero hacer algo incorrecto, ¿y si por ello termino en el calabozo? O mucho peor, ¿si me alejan de Atlas? Estoy caminando junto a mi gigante azul para conocer formalmente a su padre. Me siento muy nerviosa, mis palmas no dejan de sudar. En estos momentos quisiera que la tierra me tragara. Al entrar a la sala del trono, veo al mismo Niburiano mayor que estaba junto a Atlas el día que llegué. Voltea a vernos para después sonreír a nuestra dirección, le devuelvo la sonrisa, aunque no sé si eso es correcto. —Atlas, hijo —Su mirada se posa en mi gigante azul y luego a mí—. Pequeña humana —Sus labios se tornan en una curva hacia arriba—. Nunca pensé que mi vida durara lo suficiente para llegar a conocer a las destinadas de mis hijos —Mis ojos se abren grandes cual platos. Él lo sabe... —Su Alteza —Me inclino un poco. —No es necesario que hagas eso, pequeña humana, por lo que puedo ver tienes la marca de mi hijo. Eres parte de la familia, lo quieras o no. —Padre, hay que preparar la ceremonia de destinada. Quiero convertirla en mi esposa lo más pronto posible. —No te preocupes, por eso yo me encargaré. Ahora vamos a comer. Caminamos hacia el gran comedor donde hay comida muy rara; nunca he visto nada parecido. Lo único que reconozco es un calamar gigante que se encuentra en medio de la mesa. Tengo tanta hambre que me comería una vaca entera yo solita, lo cual es raro en mí, ya que siempre había sido de poco apetito. Creo que, desde que comencé a estar con Atlas, no he dejado de tener hambre. Aunque esto es normal en su especie, ya que ellos comen tres veces su peso. Le doy una mordida a lo que parece ser una hamburguesa alienígena. Su apariencia era algo desagradable, pero el sabor era exquisito. Janet mantiene la atención en mí, como si hubiese hecho algo malo. Yo sigo devorando, ¿cuántos kilos he digerido? No lo sé y tampoco me importa, el hambre es mayor a la preocupación que debería tener sobre mi peso. —Yo también sentí eso, es un síntoma de embarazo en Niburianas —Dejo el trozo a medio camino para mirarla—. Creo que al tener un bebé parte Niburiano, los síntomas normales de un embarazo humano pueden cambiar —sonríe. —¿Crees que esté embarazada? —Se encoje de hombros. —Puede ser, porque no creo que comer lo que estás comiendo ahora sea normal para ti —Alza una ceja. Siempre quise hacer ese movimiento, y, a pesar de que me esforcé en intentarlo, nunca lo logré—. Deberías hablar con Atlas. Tienes su marca, así que no veo tan imposible eso. —Ahora recuerdo que dijo que... —Hago una pausa para suspirar—. Podría quedar embarazada en el primer intento —Mis mejillas se sonrojan. —Eres adorable, Eva —Se acerca a mí para abrazarme—. Me alegra ser tu amiga. —¿Supiste algo de tu hermano? —le pregunto de repente. A mi mente llega el día que la conocí: Caminaba hacia las dos personas que se suponía estaban escondidas. Claro que no era muy bueno el escondite, ya que los había encontrado fácilmente. El chico no dejaba de gritar a la chica que estaba junto a él. Pude notar que tenían rasgos similares, por lo que debían tener alguna conexión. Justo cuando él levantaba la mano para propinarle un golpe, me acerqué y lo detuve. Tiempo después fuimos llevadas por los gigantes azules al palacio. Janet me contó que su hermano no era el mejor, de hecho, admitió que siempre que ella lo hacía enojar, o que él encontraba una razón para hacerlo, recibía una paliza sumamente fuerte. Nunca en la vida defendería ese tipo de actos y entiendo que los Niburianos no son seguidores de ello. Según Atlas, ninguno de su especie se acercaría a su pareja con la intención de la lastimarla. —No, nada... Desde que nos trajeron aquí y él logró escapar, no he sabido nada de él... Creo que nunca le importé, en cierta manera —le resta importancia—. Tú te preocupas más por mí que mi propio hermano —Me envuelve otra vez en sus brazos. —Siempre me preocuparé por ti, eres mi amiga. Eres como una hermana para mí. —Tú también eres una hermana para mí. *** —¿Qué estás haciendo, pequeña? —La voz profunda de Atlas me hace levantar la cabeza. Estoy tratando de alcanzar un pequeño lápiz que se fue bajo la cama. —Trato de alcanzar mi lápiz. Desde que trajeron algunas cosas humanas, que en teoría las destruiría, vi unos cuadernos con unos paquetes de lápices, así que probé en intentar dibujar y no resulté siendo tan mala. —No deberías agacharte —Su ceño se frunce. —Entonces ayúdame —Sonrío con inocencia. —Claro —suspira. Hace lo que le pedí y me entrega el objeto que se me había caído. —Muchas gracias, gigante —Me paro en puntitas para tratar de besarlo, pero solo llego al inicio de su mandíbula—. No seas malo y baja un poco para que pueda besarte —Su rostro queda frente al mío, tomando mis labios suavemente. —Te amo, pequeña humana. —Yo también te amo, gigante azul —sonrío y vuelve a tomar mis labios. Siento cómo su mano se encuentra en mi trasero y me levanta lo suficiente para que yo pueda enredar mis piernas a su torso. Luego, con lentitud, sube mi vestido para tocar mi intimidad. —Atlas —gimo—. Tengo que terminar mi dibujo... —Termínalo después que pueda estar contigo —Me beso con pasión, metiendo su lengua en mi boca hasta que me quedo sin aliento. Me eleva más hacia su rostro; si el castillo no fuera tan grande, tocaría el techo de la habitación. Aferro mis manos a sus cuernos, mientras él comienza a introducir su gran lengua dentro de mi sexo. —¡Atlas, te amo! —grito en un gemido, al mismo tiempo que me corro. Luego me posiciono en sus caderas. Con su polla justo en mi entrada, se adentra en mí suavemente, forma a la que estaba acostumbrada ya que él siempre era cuidadoso conmigo. Sus embestidas fueron aumentando hasta que ambos llegamos al clímax. Coloco la cabeza sobre su hombro, tratando de calmar mi respiración. —Te amo, pequeña humana —Besa mi frente. —Te amo con todo mi corazón, mi Príncipe gigante —Apoyo sus labios sobre los míos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR