Desconocido, en algún lugar del universo
—¿Encontraste algo? —Miro hacia mi más fiel soldado.
—No, señor, no hay rastro de Evangeline —suspira.
—¿Cómo puede ser posible que no puedas encontrar a una estúpida e indefensa humana?
—Señor, nuestros sensores no pueden encontrarla.
—Ella es la destinada de Atlas; si ella muere, él también lo hará con el tiempo —Una sonrisa torcida, algo maquiavélica, se forma en mi rostro—. Podría aprovechar su momento de debilidad y matarlo mucho más fácil, así acabaré de una vez por todas con esa tonta especie.
—Claro, señor, seguiré buscando.
—No vuelvas hasta que encuentres algo.
***
Atlas
Nunca pensé que los humanos podrían tener mucho apetito, aunque tengo una teoría sobre por qué mi pequeña Eva no deja de comer: puede ser que esté esperando a mi hijo en este momento. La sonrisa se forma en mi rostro involuntariamente. Amo a mi pequeña humana. Me levanto y me dirijo al comunicador que se encuentra en mi muñeca.
—Warnar, ¿podrías llamar al curandero? Necesito saber si mi pequeña está embarazada.
—Por supuesto, hermano, aunque por lo que me ha contado Janet sería casi imposible que no lo esté —El muy idiota se ríe.
—Warnar... —gruño.
—Muy bien, dame un segundo...
—¡Ahora! —vuelvo a gruñir.
—Eres una bestia, llegará en unos minutos.
—Más te vale.
—Un gracias era suficiente, ¿sabes? —Cuelgo antes de que me diga algo más.
Me acerco a mi humana y la tomo de la cintura pegándola a mí.
—Eva, el curandero vendrá a revisarte.
—Pero no me siento enferma —dice, terminando la pequeña fruta en su mano.
—No es porque te sientas enferma, es mejor salir de dudas, ¿no crees? —Ella asiente y luego baja la cabeza—. ¿Qué pasa, cariño? —Tomo su rostro para que me mire.
—Tengo miedo... Mis padres no fueron los mejores, al único que le preocupé un poco más fue mi padre que trató de protegerme, pero... ¿Y si no soy buena madre?
—Estoy seguro que serás la mejor, Eva —beso sus labios—. Yo también estaré contigo —Ella asiente con lágrimas en los ojos.
Evangeline
No puedo creer lo que decía el curandero: según mis síntomas y el tiempo que llevaba teniéndolos, estoy embarazada.
Siempre pensé que tendría los síntomas humanos de un embarazo, pero al parecer podría tenerlos mezclados por la naturaleza del bebé. Es decir, podría llegar a sentirme con mucha energía un día, para que al otro me sintiese totalmente enferma. Incluso, comería 3 veces su peso como un Niburiano. El tiempo que el bebé estaría en mi vientre sería muy poco: los embarazos Niburianos duran en 6 a 7 meses, pero, al ser humana, eso podría cambiar mi embarazo. Los detalles no me interesan de momento, lo que en verdad me importa ahora es que el bebé esté totalmente sano.
—Pequeña, es hora de comer, el bebé tiene que estar sano —Me levanto de mi lugar dispuesta a seguir sus órdenes.
—Más te vale porque me muero de hambre —Se ríe.
—Entonces no perdamos tiempo, no quiero que tú y mi hijo se mueran de hambre.
—Como me sigas alimentando así terminaré con muchos kilos de más...
—Eso no importa ahora, lo que importa es la salud tanto tuya como de mi hijo, ahora a comer —Prácticamente me arrastra de la sala.
***
—Te juro que si meto otro pedazo de comida en mi boca voy a explotar —frunce el ceño.
—No has comido ni la mitad de todo esto...
¡Claro! ¿Cómo me voy a comer la mitad de todo? La gran mesa del salón es mucho más de lo que puedo controlar.
—De verdad ya no me cabe nada —suspiro.
—Bien, pero dime si te da hambre más tarde, no quiero que mi hijo y tú se mueran de hambre.
—Estoy segura de poder controlar a este pequeño por un tiempo —Un bostezo sale de mí sin poderlo evitar. Atlas me sonríe en todo momento, estoy segura de que si me quedo dormida, me levantará y me dejará dormir hasta que esté totalmente recuperada de mi sueño.
Comienzo a cerrar mis ojos hasta caer en los brazos de Morfeo.
***
Me despierto totalmente renovada, Atlas tiene mi cintura abrazada con fuerza por su gran brazo. Sonrío al ver a mi gigante azul dormido profundamente, aunque él no lo diga sé perfectamente que también está muy cansado. Su padre ha pensado en darle el trono, pero no se siente preparado e intenta retrasarlo lo más que pueda. Acaricio suavemente su cabeza, luego beso su frente con mucho cuidado para no despertarlo, acaricio sus cuernos e intento no herirme con ellos, ya que las puntas son muy filosas.
Mi mente se remonta inesperadamente hacia aquel momento en que la Tierra solo era habitada por humanos. Recuerdo cómo no les importaba a mis padres, ellos se comenzaron a preocupar por mí el día de la invasión que transcurrió unos días después que cumplí 3 años. Unos años después mi madre murió dejándome sola con mi padre, quien hizo todo lo posible para protegerme de ese cruel mundo. Murió defendiéndome de un Niburiano que me quiso llevar para convertirme en una criadora. Me escondí como pude, hasta que cumplí 23 años, y, tratando de ayudar a mi ahora mejor amiga Janet, me trajeron a este increíble palacio. Me gustaría que las cosas fuesen diferentes y la gente de allá fuera no sufra, ya que hay mucho de ellos que no tienen comida o un lugar para refugiarse. Quiero cambiar eso y espero que Atlas pueda escucharme, así comenzamos a hacer los cambios para una mejor convivencia entre nuestras especies.
Mi gigante se remueve un poco, apretando su agarre en mi cintura.
—Te amo, mi príncipe...
Él levanta la cabeza observándome fijamente por unos segundos.
—Yo te amo más, mi pequeña humana —Me besa con todo el amor que siente hacia mí y le correspondo de la misma manera.
—Atlas, quisiera hablar sobre lo que todos los humanos pasan fuera de este castillo.
—Esperaba a que me preguntaras... Admito que probablemente no hicimos de la mejor manera nuestra llegada a este planeta, mi padre ya es un anciano y yo no he tomado el trono, cuando eso pase te prometo que cambiaremos todo lo que pasa afuera de estas paredes y se castigarán a todos los Niburianos que han forzado a alguna hembra humana. Trataré que ellas decidan con quién se aparean, si con un humano o un Niburiano.
—Eso me alegra mucho —Lo abrazo sumamente fuerte.
—No hagas fuerza, cariño. Aunque estoy impresionado por la poca fuerza que posees.
—¡Oye! —golpeo con suavidad su hombro—. Soy fuerte a mi manera.
—Ya lo creo —Me da un beso para luego dormirnos abrazado.