En la ciudad de Dal-hayal, dentro de uno de sus preciosos bosques verdes, se alza tras un irregular sendero, una vieja mansión con un trágico pasado. La camioneta de Jan estaba estacionada junto a un árbol, mientras que el hombre se aferraba a la mano de su novia mientras cientos de emociones encontradas revoloteaban dentro de sí. Dalia lo miraba con dulzura, dándole suaves caricias. Ahora que conocía la historia completa, casi sentía que ella misma había nacido en esa casa. Jan le había ayudado a comprender muchas cosas, y tras un año de recuperación, ahora empatizaba más con los otros y con ella misma. Fueron meses duros, y tras unas vacaciones recorriendo el mundo, enseñándole a su novio sus lugares favoritos, habían vuelto a enfrentar el último demonio de Jan. Su hogar, su pasad
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