DALIA Cerrar. Abrir. Cerrar. Abrir. ¿No era aburrida la repetición? Yong Bae no pensaba lo mismo, y abría y cerraba el estuche de colores una y otra vez, yo en cambio, me harte de su constancia, y al décimo intento, empuje de un manotazo el estuche al suelo. El enfermero de reflejos rubios, se agachó enseguida a recogerlo. No recordaba su nombre, pero empezaba con Kim. — ¿Por qué hiciste eso? —Me cuestiono la joven. —Piensa, luego decide. —Le respondí. —Es hora del almuerzo. —Dijo el enfermero Kim. Yong Bae se levantó de un salto, y yo me quede estática en el lugar. No quería ir, ¿No podía quedarme aquí? Olía bien, era fresco, y no había ojos conocidos que me inquietaran con preguntas. ¿Por qué estás aquí? Seguramente se preguntaban. —Señorita Jeong. —Me llamó el e

