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969 Palabras

A suaves pasos iba avanzando, su vestimenta resaltaba en color pero se mezclaba con el entorno. Luego de abandonar el taxi, tras robar unos wones, pudo pagar y llegar hasta el sitio donde residía su mayor preocupación. La respiración agitada, y la sudoración que se apegaba como una segunda piel por su cuerpo, causaban rechazo en la gente que le veía. Al llegar al recibidor, siendo presa de la inquisitiva mirada de la recepcionista, y los empleados del hospital que iban y venían. ¿Un paciente perdido?, Se preguntaban, ¿De dónde?, continuaban. Se deslizó hasta el ascensor sin más, toco el botón del primer piso. La buscaría pasillo por pasillo, no podía perderle, ella era su más preciado tesoro.  Y no muy lejos de ahí, Dalia era abrazada por su padre. —Eres mi pequeño tesoro, la luz de m

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