DALIA Saben. Pocas veces he llorado por alguien. Y no me refiero a llorar por causa de alguien, sino llorar, como si estuviera sintiendo lo que esa persona siente. Y las lágrimas caían cuando veía a Jan tambalearse en la calle. El no veía a la gente observarlo cuando dejaba ir sonidos de frustración e ira, el solamente… luchaba. ¿Y yo? Solo podía seguirlo. Me llevo el alma el diablo cada vez que le veía cruzar la calle, estaba tan ausente que me daban ganas de correr y sostenerlo. Porque no soportaba verlo así. Yo, desde que le conocí, pensé que su problema conmigo era personal. Cuando me iba a dejar sin decirme nada, cuando tuve que enfrentarlo. Siempre creí que era un cobarde, que le aterraba quererme. Pero no… él estaba aterrado. Estaba malditamente asustado. Porque nunca sup

