—¿Es normal que esté esperando que en cualquier momento salga Al Pacino del ascensor? —pregunta Demmi una hora después mientras se sienta a mi lado en una silla en el balcón del penhouse, al lado opuesto de donde Mam y Julian continúan “pasando el rato”. No soy la única que piensa que esto se está volviendo una película de la mafia. Niego, en parte estoy esperando lo mismo. »¿Cómo hacemos para simular como si no hubiera pasado nada? —pregunta a continuación—. Ellos lo hacen ver tan fácil. De verdad lo hacen. —Cerramos los ojos y nos convencemos que estas últimas cuatro horas han sido un mal, mal sueño —le digo sinceramente sin saber qué más hacer. Primero, debimos haber llamado a la policía antes de “abandonar” la escena del crimen, eso solo nos hace ver culpables. Segundo, al

