—Despierta… despierta… por favor. Me duele todo de la cabeza a los pies. Literalmente. Tengo un frio, de muerte, y el olor… ¿Qué diablos es ese maldito olor? »Despierta, por favor. Alguien está hablando, a unas tres manzanas de distancia. Es un sonido hueco, una súplica lejana. ¿Dónde estoy? ¿Por qué me duele todo? Dios… »¿Por qué no se despierta? De nuevo, esa voz. Tan suave y distante. —Es cuestión de tiempo. —Esperen, esa es otra voz. Una voz le está hablando a la otra voz—. Escuchaste a los médicos… —¿Médicos? Médicos… ¡Ay Dios! ¡Estoy en un Hospital! Ya decía yo que me dolía todo. Y ese olor, ahora lo reconozco, antiséptico, ew—. Sufrió una conmoción cerebral. ¿Conmoción cerebral? ¿Yo, con una conmoción cerebral? No, esperen… no pueden estar hablando de mí. El cerebro

