Mi cuerpo dolía y tomando fuerza de dónde no tenía, bajé de la cama y me dirigí al baño.
Abrí el grifo y vi el agua caer. Algo había cambiado en mi y no podía explicarlo. Me sentía un tanto mareada y fuera de si.
Intentaba procesar las palabras que segundos antes, aquel hombre había dicho. ¿Más dinero?
Y el agua caía sin parar. Pasé las manos con frustración por mi rostro y ahora veía el maquillaje correr.
Pero en aquel momento de silencio e intimidad mi puerta fue tocada con fuerza.
—¡No tengo todo el día!—Dijo tras la puerta con fuerza.
Respiré hondo y cerré el agua. Tomando la toalla y secando mi cuerpo y rostro que seguían adoloridos. Me miré al espejo y dejé salir otra lágrima.
El costo de la vida.
Y salí poco a poco de allí. Él me esperaba sobre la cama.
—Ven. Acuéstate.—Ordenó tocando la cama.
—Me duele.—Susurré acostamdome con cuidado sobre la cama.
—Lo sé y te dolerá igual al menos hasta mañana. Por lo que, el día de hoy no podremos hacer nada y luego tendrás que pagarme bien.—Dijo jugando con mi cabello.—...Alba, Alba
...—Susurró.
—Señor, ¿sabe por qué duele tanto?—Pregunté inocente.
Respiró hondo y me miró. Y por primera vez veía un poco de sutileza en su mirada.—Llámame Oliver. Lo siento por todo ésto.—Negó.—Pensé que tenías años en ésto, por eso mi trato. Pero eres muy jóven y muy linda. Y también eras virgen. Por eso dolió tanto.—Soltó sin más.
Suspiré y cerré los ojos con fuerza.—Lo siento, señor.
—Te dije que me dijeras Oliver. Tu virginidad hubiese válido un montón de dinero, Alba. Pero te topaste con alguien que no tiene un montón de dinero y que no tiene pasión por quitar virginidades. Para otras no vale un montón de dinero, si no hacerlo con una persona especial. ¿No tienes novio?—Preguntó y solamente negué.
—¿Cuánto me pagará, Oliver?—Pregunté.
Él solo rió.—No tengo adicción por quitar virginidades, Alba. Pero sé que te ha dolido mucho y me agrada mucho el hecho de que nadie más te haya tocado. Por eso te daré lo que tenga en mi cartera, que confieso desde ahora; no es mucho.—Dijo sin más, pasó sus manos por mi abdomen y luego se detuvo.—No.—Se dijo así mismo. Se puso de pie y buscó su billetera. Abriéndola ante mi.—Ésto, ésto es lo único que tengo. Un billete de 50$ Alba. Eso costó tu virginidad para mí.—Dijo poniéndolo sobre mi pecho.
Lo tomé y me puse de pie tomando un poco de fuerza. Cabizbajo subí mi ropa interior y luego aquel vestido corto.—¿Cuánto cobras la noche, Alba?—Preguntó.
—Soy nueva y de poca experiencia, señor. No pasaba por más de 10$.—Avisé.
Él me miró, se acercó y sonrió.—Te daré 50$ que te vea. Puedo volverme tu cliente fijo si así lo deseas. Me pareces preciosa, Alba. Y no te dejaré ahora que he sido el primer hombre en tu vida sexual.—Aseguró.
Avergonzada asentí.—Está bien, Óliver.
Me miró y besó mi mejilla.—Te buscaré los viernes por las noches. 10pm para ser exactos. El mismo lugar siempre. Pero con una sola condición. —Dijo caminando de un lado a otro en aquella habitación.—Los viernes no verás ningún cliente antes que a mí; no quiero sentirte sucia. Después de mi, si me importa un carajo.—Avisó.
Una vez más asentí.—Sí señor. Acepto.—Avisé.
Ahora me acerqué a él y lo abracé. Pero de manera inmediata rechazó mi abrazo.—¿Qué crees que haces?—Preguntó algo molesto.
—Lo siento. Supongo que es el nerviosismo.—Balbuceé.
—No hagas eso de nuevo o te golpearé.—Avisó.—Ahora vamos, no nos quedaremos aquí hablando tonterías. Tengo asuntos más importantes que hacer y probablemente tu otra ducha que tomar. Te llevaré al mismo sitio donde te encontré. Espero no esté lejos de tu hogar.—Avisó.
—No Oliver, no está lejos de casa.—Dije sin más. En silencio caminamos y finalmente salimos de aquel motel. Una vez en el automóvil, la tensión se hizo presente.
—No lo niego, Alba. Eres una jovencita con grandes atributos. Eres preciosa.—Susurró tomando el volante con fuerza.—Ya muero porque estés bien y hacerte mía.—Dijo apretando el volante una vez más con fuerza. Pero ahora me miró con esa mirada y dijo algo más.—Ven, pasa al puesto delantero.—Ordenó estando dentro del garaje de aquel motel. Bajó su mirada a su entrepierna y me miró.—Mira como me pones, Alba.—Informó.—Me bajaré el pantalón con cuidado y tú decides si me la chupas ahora o me la haces manual; pero muero por acabar.—Dijo apretando sus labios en una fina línea.
Lo miré y asentí. Lo ví bajarse la cremallera y poco después bajar sus pantalones.—Ven.—Dijo tomando mi cabeza con sus manos.—Toda.—Dijo tomando su m*****o.
Escupí una vez más sobre él, pasé mis manos con delicadeza y lo ví ponerse más cómodo en aquel pequeño espacio del automóvil. Cerraba sus ojos y realmente lo disfrutaba. Ahí entendí lo rico que era tener el poder.
Si me detenía, él también lo hacía conmigo. Y si aceleraba, él estaba en las nubes.
Bajé hasta pasarle mi lengua con cuida, de arriba abajo y de lado a lado. Él pedía más y más.
—¡Que rico joder!—Exclamó ahora mordiendo su labio.—Moriría por tenerte saltando encima de mi, pequeña Alba.—Dijo ahora deteniendo mi rostro.—Baja tu vestido.—Ordenó.
—...Aún me duele...—Susurré.
—Lo sé.—Avisó.—Solo quiero acabar viendo tu rostro y tú cuerpo desnudo. Que son los causantes de que esté a punto de estallar.—Y sonreí sensualmente.
Sin despegar la mirada de la suya, mientras él subía y bajaba las manos por su m*****o. Bajé la parte superior de mi vestido.
—¿Te gusta lo que ves?—Pregunté mordiendo mi labio inferior.
—Me encanta lo que veo.—Susurró exaltado.—Y muero por... ¡Ahhh!—Acabó.