Capítulo 5, Virginidad

1090 Palabras
El miedo era evidente. Apretaba mis manos con fuerza y con cuidado bajaba mi vestido. —Soy Alba.—Susurré esperando romper aquel hielo. Pero nada funcionaba. Él no decía ni una palabra y me miraba con asco. Manejaba sin cuidado y desesperado.—Iremos a un hotel, no te llevaré a mi casa, zorra.—Escupió sin mirar atrás. El alma quebrada y una mente que me culpaba sin cesar. Eso era, una zorra necesitada. —Como ordene mi señor, usted manda.—Susurré en un hilo de voz. Intentando mirar por la ventana y recordar el camino. Supongo que me cuidaba a mi misma por si debía volver caminando. Más rápido de lo que creía y quería; podía ver las grandes puertas de aquel viejo motel. Apreté aún más mis manos con fuerza y cerré los ojos un par de segundos. Yo podía. Finalmente el automóvil se detuvo y él bajó. Mi mente se bloqueó y no me dejaba moverme. Pero un grito a mi costado me dejaría aturdida.—¿¡Qué esperas!? ¡baja!—Ordenó. Temblorosa bajé de aquel sitio. Tomé mi vestido y lo pegaba con más fuerza a mi cuerpo. Me sentía humillada y poca cosa. Y solo por aquel instante, sabía que corría peligro de mi misma. Caminé en silencio tras él. La puerta de la habitación fue abierta y el frío envolvente se hizo cargo de mi. —No te muevas de allí.—Ordenó al verme pasar. Asentí y quedé inmóvil. Él no me miraba al rostro y apagaba todas las luces de aquella habitación. —¿Puedo preguntar por qué apaga las luces, mi señor?—Pregunté inocente. Guardó silencio un par de segundos y luego respondió.—Porque quiero y se me da la gana, zorra. Que no he pedido tu opinión.—Dijo acercándose a mi y tomándome por el cuello.—En ésta habitación y cuatro paredes, soy yo quien pone el dinero sobre la mesa; así que mando yo. ¿Queda claro?—Preguntó. Apretando cada vez con más fuerza mi cuello. Mi poca respiración y desesperación me dejaron susurrar.—…Sí, señor...—Y me dejó caer. Mis rodillas desnudas ante el suelo y un golpe en seco. Lo oí bajar su cremallera con cuidado, soltando su cinturón y poco después bajando sus pantalones. Nunca antes había hecho algo así y justo hasta ahora pensaba en las consecuencias de también ser inexperta en éste mundo. Tomó mi cabeza por mi cabello y con fuerza me obligó a verlo. Poco después escupiría en mi rostro.—Mando yo.—Repitió. Quitando la saliva de mi rostro y aguanto mis lágrimas, le dije.—Sí, señor.—Y mi alma se quebraba. Poco después bajaría su ropa interior y quedaría desnudo ante mi. Sin ver y solo sentir. La escasa luz que había no me dejaba más allá de lo que solo imaginaba. —Abre la boca de una vez. Y escupe.—Dijo acercándome a su cuerpo. Dejé escapar una lágrima y solo pensaba en mi madre tirada en una cama. Tenía que hacerlo. Debía hacerlo. Llené su m*****o de saliva y fui pasando mi lengua con cuidado. Hasta finalmente tenerlo todo dentro de mi boca.—¡Aaahh! ¡Así, zorrita!—Decía él dentro del placer. Moviendo mi cabeza de adelante hacia atrás guiando mis pasos. Daba arqueadas y muchas veces lo sacaba de mi rostro porque sentía que iba a vomitar. Quizás sentía asco o no entendía el fin de aquello que estaba llevando a mi boca. —Ahora, sube a la cama.—Ordenó sacando su m*****o de mi boca. Sequé mis lágrimas y obedecí. Seguía aún con mi vestido y tacones.—¿Estás aún vestida? ¿qué crees que haces aquí? ¡No estás aquí por bonita, quiero sentir tu cuerpo desnudo!—Ordenó. Bufé y obedecí. Bajé cada prenda de mi cuerpo hasta quedar completamente desnuda. El frío aumentaba por todo mi cuerpo y solo quería huir entre lágrimas. Con ayuda bajé a la cama y bruscamente me puso en la posición que quiso. —Di que lo quieres.—Dijo agitado.—¡Pídelo!—Gritó. —¡Lo quiero!—Grité nerviosa. Y lo seguido que sentí fue su mano cubriendo mi boca. —Zorrita, tendrás lo tuyo.—Susurró en mi oído. Oí un paquete ser abierto; lo que asocié con un condón. Poco después lo oí escupir y lo siguiente que sentí fue el dolor más grande de mi vida. Desgarrador, jalón. Sentía mi cuerpo débil y por reflejo mismo, pegué un grito. Que fue ahogado por las manos de aquel cliente. —¡Mierda!—Gritó él deteniéndose y sacando su m*****o de mi.—¿¡Pero qué demonios!?—Preguntó confundido. Ahora se ponía de pie fuera de la cama. Y yo seguía allí, tirada e inmóvil. Dolía demasiado y sentía algo escurrir dentro de mi. La luz fue encendida y yo intenté cubrir mi cuerpo. No servía de nada. No podía ni moverme, mi cuerpo dolía. Mis piernas temblaban. —¿Tenías la menstruación y no me dijiste? ¡Asco!—Gritó mirándome. Y negué. Mi mestruación se había ido hace dos semanas. No era posible. Miré mi entre piernas y mucha más sangre salía. La cama con una mancha roja bajo mi cuerpo y aquel dolor inminente. —No, no es lo que crees.—Intenté decir. Y por suerte creyó en mi. Me siguió viendo con cuidado, ahora con exactitud miraba mi rostro. —Alba, ¿no?—Preguntó y asentí.—¿Qué edad tienes?—Preguntó una vez más. —...18...—Susurré. Me miró y pasó sus manos por su rostro con frustración. —¿Habías hecho ésto antes, Alba?—Preguntó ahora bajando su tono de voz y aquella impotencia. Negué entre lágrimas y mirando mi cuerpo sobre la cama.—No, señor. Es la primera vez que hago ésto.—Aseguré. Lo miré entrar al baño y luego salir. Subiendo su ropa interior y luego su pantalón. —Alba, acabas de entregarme tu virginidad.—Informó.—¿Sabes qué es eso? ¿O cuánto dinero pudiste haber sacado por alguien que se interesara?—Volvió a preguntar. Seguía mi cuerpo desnudo sobre la cama, adolorido. Negué.—No señor. No sé nada sobre eso. Respiró hondo y me miró. Lanzando una toalla sobre mi y mi ropa interior. —Ve, duchate. Hablaremos de ésto y luego veré qué hago contigo.—Informó.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR