La noches con Oliver se volvieron rutina. Siempre era el mismo sistema los viernes por las noches. En aquel intento de prostitución, Óliver era mi único cliente fijo. A aquel que dentro del caos interno que llevaba, le tenía un poco de confianza. El tiempo me llevó a conocerlo más, también supe que era un hombre viudo que no tenía intereses en llenar aquel vacío emocional que su esposa había dejado. Pero también sabía que si necesitaba carne para llenar, ahí entraba yo. Muchas veces llegaba cansado, ebrio y diciendo estupideces, otras veces no tenía ni fuerza para ir a la cama. Nos volvimos quizás un poco unido, él siempre dejaba grandes billetes y yo dejaba todo de mi. Pero como la avaricia iba de mano de la vida; 50$ a la semana comenzó a ser poquito. Sabía que aquello era pecado

