La mañana siguiente desperté y mi madre ya no estaba en la cama. Mi cuerpo dolía más de lo normal y aquel dolor en mi entrepierna había calmado. Respiré hondo y estiré mis brazos. Estaba en casa, estaba segura. Me puse de pie y comencé a buscar a mi madre con desespero. Para mí desgracia; se encontraba en mi habitación y tenía aquel billete de 50$ en sus manos. —Quiero que me lo expliques ahora, Alba. Y ruego a Dios que no sea lo que creo que es.—Dijo firme y con tristeza.—¿Crees que quiero que tengas la vida de mierda que me ha tocado pasar? Ese dinero Alba, ha puesto comida sobre nuestra mesa durante años; ¿pero a qué costo?—Preguntó sentándose sobre mi cama. Miré las mallas en el suelo bajo la cama y las pateé para que no las viera.—Madre, juro que puedo explicarlo.—Dije acercán

