Prólogo

234 Palabras
Supongo que comencé como el resto; diciendo que sería una sola vez. Había crecido viendo a mi madre perdida en un mundo que no comprendía. Mi madre usaba ropa ajustada, malla y tacones, lo recordaría siempre. Volvía muy tarde a casa, su maquillaje corrido y solo se lanzaba a la cama. Muchas veces la oí llorar, otras suplicar. Nunca entendía porqué, nunca daba explicaciones. A los 15 años la palabra prostitución no era permitida para mí; aquella conversación mi madre siempre la evitaba. "No es algo de Dios", siempre decía. Tiempo más tarde me acusaban de ser hija de una prostituta y yo no sabía que significaba; tampoco tenía el valor de preguntar. Tenía 15 años, ya debía saberlo. Supongo que todo tuvo sentido ese viernes por la tarde. Mi madre llegó más perdida de lo que solía hacerlo. El nivel de alcohol era más alto que nunca. Lloraba y murmuraba. Suplicaba y decía estar cansada y no poder más. Tenía su labio superior lleno de sangre y sus manos moradas. Y ese día, entre enojo y frustración, mi madre me dió la definición exacta para lo que era la prostitución. “Me acuesto con hombres por dinero, Alba”, confesó. Y todo se vino abajo. Pero todo terminaría de venirse abajo tres años más tarde; cuando la mayoría de edad llegaba a mi, al igual que la necesidad. Publicación para Enero 2022.
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