Sabía que detrás de esa oferta habían muchas cosas ocultas, pero no tenía más opciones. Por ahora no tenía más que reunir todo el dinero posible y aguardar que mi embarazo llegara a su día máximo. En aquel instante de solo estrechar su mano, sentía que entregaba mi alma al diablo y que no había retorno. No por ahora. Mike no hizo más que bajar su mirada a lo lejos y reprochar lo que veía. No entendía mucho y también tenía miedo. Charlie no hizo más que servir otra copa de vino, beberla y marcharse por dónde había llegado. Imité sus movimientos y llevé la copa y botella de vino hasta donde estaba Mike. Él me miró y sonrió a lo bajo.—Supongo que ya sabes que soy Mike.—Dijo guardando todo. —Sí, tú debes de saber que soy Alba.—Dije estirando mi mano. Él sonrió, asintió y estrechó m

