Promesas bajo fuego El sonido constante del monitor cardíaco era lo único estable en la habitación del hospital. Kendra tenía la mirada perdida en el techo blanco, una mano descansaba sobre su vientre, todavía plano, pero que ya albergaba la vida que cambiaría todo. La puerta se abrió sin que ella mirara. —Sabía que te encontraría despierta —la voz de Rowan hizo que su corazón latiera más fuerte, entró despacio, despeinado, ojeroso, vulnerable como nunca antes lo había visto. —Vete —susurró ella, pero su voz no tenía fuerza. Rowan se acercó hasta quedar al lado de la cama. —No, no me voy a ir hasta que me escuches. Kendra cerró los ojos. —¿Escucharte? ¿Para qué? ¿Para qué vuelvas a romperme? Él tragó saliva. —Sé que te fallé, sé que te hice daño… pero no fue lo que crees. Te amo,

