Narra Phenix Un día después. — Mmm ¿Ander? Alguien podría entrar.— Dije suspirando mientras él besaba mi cuello y sus dedos jugaban con el elástico de mis bragas. — Mmm nena, hoy tengo tanta hambre. Siento que no he comido en años.— Mordisqueó mi oreja. Ander estaba sobre mi encerrandome contra los pupitres. El aula estaba vacía de no ser por nosotros dos y por supuesto, como siempre pasa cuando estoy a solas con alguno de mis novios, siempre tenemos hambre mutuamente. — Quiero tenerte para mí solito.— Susurró contra mi escote. — Que fea tu actitud de no compartir con tus hermanos.— Dijo en tono de burla mientras le daba acceso a que me desabroche la camisa. — Me gusta compartirte, más si los cuatro provocamos que te vengas a cada minuto. Pero me encanta tener privacidad también. A

