Noche de baile

1435 Palabras
La palabra del dueño de la imprenta habían sido verdaderas, al día siguiente había llegado a la hora del sol saliente, con el encargo del joven Weinzettel, toco un par de veces el timbre y se asombró al ver que todos los empleados lo ignoraban en lo absoluto, pasaron un par de minutos y el señor aún seguía en espera que alguien llegara a recibirlo y no fue así, hasta que el mismo Brigdoyoon Weinzettel con la cara de recién despierto, cabello despeinado y las cejas fruncidas había llegado a recibirlo, lo hizo pasar y el señor se sintió un poco incomodo ya que los rumores que siempre habían estado es que Weinzettel no dejaba pasar a nadie a su mansión. ―No se preocupe joven, solamente venía a entregarle su encargo, además, como puede ver, aún tengo mucho trabajo por delante ―sonrió el señor mientras golpeaba el bolso que llevaba en sus hombros repletos de papeles y más papeles. ―Está bien, como guste no lo hago perder más su tiempo y ¡tenga un buen día! ―respondió Weinzettel con una inusual sonrisa. Weinzettel se dio media vuelta sobre sus pies y caminó en dirección a la puerta, no sin ante darle los buenos días a los empleados, después de que no hayan atendido al dueño de la imprenta. ― ¿Acaso están sordos? No puedo creer que no hayan escuchado que tocaban al timbre, tuve que despertarme más temprano de lo normal ¿Por qué? Porque mis empleados ni eso pueden hacer de ir a ver quién es la persona que busca cuando tocan de manera desesperada el timbre ―gruño Weinzettel, dándoles así los buenos días a los empleados. La actitud de Weinzettel era peor que la de los demás días y como no serlo después de saber que todos en su mansión estaban en complot con su mano derecha Morsen, quién él pensaba que era la persona más leal que tenía. ―Buenos días joven Weinzettel disculpe mi interrupción a estas horas de la mañana, pero si estoy aquí, es porque necesito que me de permiso de salir al mercado a buscar todo lo que hemos de necesitar para esta noche ―dijo Leonor. ―Está bien Leonor, ve, pero no te dures todo el día en el mercado, es más para que eso no suceda iras con Letty y Mateo, claro si no tienes otros planes que hacer ―sonrió con cierta malicia al decir lo último. ―No joven, no tengo ningún otro plan ―mintió Leonor. Pues si tenía otros planes había quedado en verse con Morsen, luego de una llamada que tuvieron a altas horas de la noche, pero lo que le había dicho Weinzettel no sería impedimento alguno para no llevar su plan a cabo, buscaría la manera de zafarse de Letty y Mateo. Mientras tanto Weinzettel había enviado a Clara a que repartiera las invitaciones por todas las personas adineradas de Fragmaden. Clara al saber lo que el joven Weinzettel le estaba pidiendo que hiciera se alegró mucho, pues él no era de tomarla tanto en cuenta debido a lo reservada que era ella, Clara subió a su habitación a cambiarse ese traje de empleada que llevaba puesto todos los días, optando por unos pantalones café, un cinturón café y una camisa de vestir de mangas largas, con unos zapatos de charol negros, recogió su cabello en una moña y camino a la habitación del joven Weinzettel, quién al verla vestida de aquella forma se sorprendió mucho y soltó una pequeña carcajada, haciendo que Clara se sintiera un poco incomoda. ―Lo siento Clara, pero me es extraño verte tan ¿masculina? Como quisiera ver la cara de las señoras que se rigen a la ley de que por ser damas deben de llevar vestido todos los días, es más, quiero que te lleves a Esma mi yegua, sé que sabes andar en ellos, además, así llegarás más rápido a tu destino ―terminó de hablar Weinzettel, mientras una sonrisa se pintaba en su rostro. Le alegraba que Clara fuera un poco diferente y no se rigiera tanto a las normas o leyes de la sociedad, mucho más le alegraba que ella no se juntara con ninguno de los empleados y mucho menos con Leonor, ese día Weinzettel experimento un sentimiento de confianza en Clara. Mientras Clara terminaba de entregar las invitaciones y todos se quedaban sorprendido de lo sucedido, habían pasado dos días en Merlín y no había rastro alguno de Ruth, Alarick estaba que se lo llevaba el mismo diablo, de lo furiosos que se encontraba al saber que nadie entre tantos guardias pudieron ver a Ruth salir, Alarick maldecía una y otra vez a Ruth, por haberse ido de esa manera y dejado así, además él sabía muy bien que nadie podía salir con vida de esa casa, solamente podían salir en una bolsa negra, hechos picadillos para que nadie supiera quienes eran o también, el mismo Alarick los daba con vida a sus perros, para que así ellos se alimentaran bien. ―Ulises ¿has vuelto a salir con todos los demás a buscar a Ruth? No puede haber desaparecido así por así, no se pudo haber esfumado de tal manera que pareciera que la tierra se la trago por completo, su ropa, su identificación y todos los documentos de ella no pudieron desaparecer así por así ―protesto Alarick en un ataque de ira aventando todo lo que estaba a su paso. ―Lo siento señor, pero eso es lo que parece que sucedió, nadie la ha visto, no la han visto en los centros comerciales, moteles de paso, estaciones de trenes, ni siquiera en el aeropuerto ―respondió Ulises cabizbaja. ―Toda esta mierda me tiene al borde de la locura, pero Ruth, créeme que si llego a encontrarte será mejor que te suicides, porque yo mismo te mataré con mis manos ―gritó Alarick mientras se veía al espejo. ―Cariño, toma una de estas pastillas te mantendrá calmado ―dijo Gülfen extendiendo sus manos ―No quiero nada de ti, llévate tu estúpida y arrogante cara a otro sitio, AHORA ―grito Alarick. Gülfen salió de ahí echa un diablo, llena de ira por lo que Alarick le había dicho, qué Ruth no estuviera le beneficiaba mucho a ella, pues le había dejado tarjeta dorada para ir y venir cuantas veces quisiera de la habitación de Alarick. > gritó Gülfen al llegar a su habitación. Quedo pasmada al darse vuelta y mirar que Alarick estaba recostado en la puerta y ella no se ha había dado cuenta alguna. ―Señor Alarick ¿Qué hace aquí? ―preguntó ella. ― ¿Qué mierda te sucede Gülfen? Como te puede alegrar que Ruth no esté aquí ―gritó molesto. ―Lo hago porque te amo Alarick, por eso me he entregado a ti una y otra vez y la estúpida de Ruth ha intervenido en mi camino tratando de quitarte de mi lado ―apretó los puños. ―Ya basta Gülfen, que manera tan egoísta que tienes de amar, no sé ni que pensar de ti ―respondió Alarick decepcionado. ―Vete de mi habitación Alarick, déjame sola, Ruth tomó una buena elección al marcharse de aquí, al abandonar todo esto, al abandonarte a ti ―gritó Gülfen. ― ¿Quieres estar aquí? Aquí te quedarás y no volverás a salir ―respondió Alarick encerrándola en su habitación con llave. ―Alarick abre la maldita puerta, no puedes dejarme aquí, no puedes mantenerme encerrada en estas malditas cuatro paredes ―gritó desesperada Gülfen. ―Si puedo Gülfen, tú y todos los que están aquí me pertenecen, si alguien quiere salir será solamente muertos ―respondió Alarick. ―Pues prefiero que me mates antes de seguir aquí ―gritó Gülfen entre llantos. Aquel lugar que un día había sido como el hogar de Gülfen, en solo cuestión de minutos se había vuelto el mismo infierno para ella, sabía que Alarick era malo, pero no pensó que fuera así con ella, no después de todo lo que ella había hecho por él, pero ahora más que nunca entendía la razón del porqué Ruth huyó de aquel infierno por el que ella estaba pasando. Si Ruth había podido escapar estaba segura que ella también podría hacerlo y no se daría por vencida, Gülfen estaba decidida de hacer lo que Ruth ni ningún otro se había decidido hacer, ir a la policía y hacerlo pagar por todo, después de todo ella era una infiltrada de la que jamás se percató Alarick.
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