Creí que eras la persona más leal a mí

1292 Palabras
Brigdoyoon había salido de la casa de los Emrys sin Arday, pues le había pedido que se quedara un par de días más con la excusa de que estaba remodelando su habitación, pero lo había hecho ya que tenía la idea de darle una bienvenida inolvidable. Habían pasado un día, Arday estaba un poco angustiada ya que Brigdoyoon le había dado un par de días para regresar a su trabajo, pero algo le extraño y es que había llegado Mateo el chofer personal de Brigdoyoon con un par de cajas entre sus manos y unas bolsas. ―Señorita Arday, el joven Weinzettel me ha pedido que le deje estas cosas, me pidió que le dijera que quiere que las use el día de mañana para regresar a la mansión, vendré por usted a las 7:00 pm, así que por favor esté listo a esa hora, no quiero ningún atraso ―dijo Mateo mientras se retiraba. ―Muchas gracias Mateo, estaré lista ―respondió Arday cerrando la puerta, cuando Mateo se había marchado. Arday subió a su habitación con las cajas que Mateo le había llevado, estaba muy emocionada por saber de qué se trataría que ignoro por completo a sus padres y siguió su camino hacia su habitación. Puso las bolsas y cajas con suma delicadeza en la cama, para ir hacia su puerta cerrándola con llave para que sus padres no llegaran a interrumpirla, abrió la caja por orden de tamaño, quedo boquiabierta al ver lo que había dentro de él, era un bello vestido azul marino, con corte de cuello v que estaba forrado de tela blanca de encaje corrugada, de mangas abullonadas, un vestido de una belleza sin igual, Arday no sabía cómo le quedaría, estaba nerviosa ya que recordaba que jampas le había dicho a Weinzettel de su talla ni nada de ella, pero decidió dejar todo eso para luego, abrió las otras bolsas en una de ellas venía un corset color beige, un perfume con un aroma que le encantaba, olía a flores silvestres, un poco dulce, pero a ella le encantaba, abrió la caja mediana, tenía unas bellas botas de charol blanca que le encantaba, que la hacía brincar de alegría, abrió las otras dos cajas restantes, una de ella contenía un bello collar de perlas blancas, con sus aretes y la otra unos guantes blancos, de ver todo eso se sentía como alguien de la realeza, aun no entendía por qué Weinzettel le había enviado todo aquello. Arday no quiso probarse nada de eso, quería probárselo el mismo día que se marcharía de casa. Cuando Weinzettel se marchó de la casa de Arday, se dirigió a una imprenta para sacar unas impresiones de invitación a un evento que él mismo había preparado para el día siguiente, el dueño de aquel lugar le dijo que iría el mismo a dejárselas al día siguiente a muy tempranas horas pues le había extrañado mucho ya que era la primera vez que Brigdoyoon Weinzettel hacia un evento en aquella enorme mansión. Weinzettel salió de ahí hacia su mansión sin hablar con nadie, al llegar a su casa se llevó la sorpresa de que Morsen junto a los demás empleados se encontraban sentados sin hacer nada y toda la mansión se encontraba sucia. ―Morsen ¿ya tienes todo listo para la llegada de Arday? Te recuerdo que mañana es el día en que ella regresa al trabajo y quiero que sea bienvenida, como si fuera su primera vez que trabaja aquí y de ante mano te digo que no tienes ningún derecho de correrla, ni tratarla mal, mucho menos de darle ordenes, porque desde ya te informo que ella trabajará directamente para mí y si alguien tiene que llamarle la atención seré yo ―aclaró Weinzettel frente a Morsen y los demás trabajadores. ―Como diga joven Weinzettel ―dijo Morsen molesto. ― ¿Tienes algún problema con que regrese Arday? ―preguntó, al ver el gesto de Morsen ―Sí, mi problema es la manera en que ella lo trata a usted, que no lo trata como el jefe que es de nosotros, sino más bien como un conocido más y eso me llena de rabia ―respondió Morsen. ― ¿Por qué te llena de rabia? Acaso es porque tu ni ninguno de los demás pueden tratarme de la manera en que ella me trata ¿A caso es por eso que a todos le molesta la manera en que Arday me trata? ―preguntó molesto. ―Si, es eso que usted prefiere, a una buena para nada que lo único que hace es aprovecharse de usted, joven ―gritó Morsen molesto. ―No sé quién mierda te has creído últimamente Morsen, pero me he dado cuenta que has hecho lo que se te ha venido en gana y estoy harto de que pases sobre mi autoridad como que fueras tu mi jefe y no yo, así que empaca tus maletas y te me vas, yo te llamaré para cuando sea tu regreso ―retó Weinzettel a Morsen. Morsen salió furioso al ver la actitud de Weinzettel para con él, sabía que llevaba desventajas desde que Arday llegó a la mansión Weinzettel. > pensó Morsen mientras caminaba a su recamara furioso. ―Joven Weinzettel, antes de irme quiero decirle lo siguiente, cuando esa buena para nada le haga algo mal o no sea lo leal a como yo lo he sido para usted, no quiero escucharlo que me pida disculpas porque téngalo por seguro que no lo he de perdonar después de lo que me ha dicho frente a todos los empleados ―dijo Morsen. ―Ya vete Morsen y deja de estarte haciendo la victima por lo que más quieras, el chofer te irá a dejar a la puerta de tu casa, pero sin tus pertenencias, te irás solo con lo que llevas puesto y el dinero que tienes en tu bolso de mano ―dijo Weinzettel. ― ¡Qué! usted no puede hacerme tal cosa ―protesto Morsen. ―Si puedo, ya lo hice, eres mi empleado y recuerda quién da las ordenes de quién sale y quien entra soy yo ―afirmó Weinzettel. ―Entiendo ―respondió Morsen. Dejó las maletas y salió de ahí con su bolso en mano, la actitud de Weinzettel había hecho desear llevar su venganza al próximo nivel, quitándole lo que más quería. Ya no le importaba el cariño que alguna vez le tuvo a sus padres y a él, lo que ahora le importaba era su estrategia de venganza. Llamó a Leonor mientras iba en la limusina pues alguien debía de mantenerlo informado de lo que sucediera después de la llegada de Arday y que mejor que ella. ―Leonor, ahora que yo no esté ahí, necesito que seas mis ojos, mis oídos y mi boca, no quiero que la imbécil de Arday tome posesión de la confianza que tengo con el joven Weinzettel, necesito que seas tú la que la ponga en su lugar ―habló Morsen. ―Si mi amo, como usted me ordene ―respondió Leonor colgando el teléfono. > pensó Morsen luego de haber escuchado aquella conversación entre Leonor y Morsen. Sabía que debía de actuar como que, si no sucediera nada, esperaría a que todos se fueran a dormir para entrar a la habitación de Morsen y saber si él ocultaba algo más.
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