―Si que tuve la mejor noche contigo Gülfen, no sabes lo mucho que me encanta pasar todas las noches entre tus piernas mi reina ―susurró al oído de Gülfen.
―Si quieres pasar está y muchas noches más al lado mío deberás de dejar a un lado a la inútil de Ruth, mandarla muy lejos a donde no vuelvas a saber nada de ella ―respondió Gülfen con malicia.
―No Gülfen, no puedo hacer eso que me pides, puedo echar a cualquier persona de aquí pero jamás a Ruth, si ese es el precio por pasar tan bellas noches contigo, no lo haré y aquí se acaba todo ―gritó Alarick.
Se vistió y salió de la habitación de Gülfen, hacia su habitación su cabeza estaba hecha un caos no sabía si quedarse con Gülfen o elegir a Ruth, Ruth siempre había estado con él en las buenas y en las malas, pero Gülfen era la mujer de sus sueños y de sus buenas noches, sabía que debía de elegir a una de las dos, pero no sabía a cuál elegir, antes de ir a su habitación decidió pasar por la habitación de Ruth, una parte de él se sentía mal por utilizarla pero por otra parte le daba igual, entró a la habitación en busca de Ruth, pero no estaba, al ver que no estaba ahí se fue a su habitación a tomar un baño para luego ir a buscarla al jardín sabía que le gustaban mucho las flores, y que pasaba la mayor parte del tiempo en ese sitio. Duro mucho tiempo tomando una ducha pues se sentía muy cansado y su cabeza no dejaba de dar vueltas, imágenes de su pasado venían a él poco a poco a tal punto de no entender lo que miraba, todo era confuso y borroso para Alarick, no entendía ni lo más mínimo, así que decidió tomar una siesta. Después de levantarse de dormir por cinco horas, preguntó a una de las empleadas por Ruth, pero le respondió que nadie la había visto, así que se dirigió hacia la habitación de ella para saber si se encontraba ahí, abrió la puerta y entró a la habitación, al momento que atravesó la puerta miró el ropero de Ruth que estaba hecho un desastre y sin ninguna ropa dentro de él, caminó hacia la ventana que estaba abierta y miró las sabanas atadas una con otras, dándose cuenta que Ruth había escapado.
―Ulises ven aquí de inmediato ―gritó desesperado por la ventana.
―Si mi señor ―dijo Ulises al haber llegado donde Alarick.
― ¿Has visto a Ruth? ―preguntó.
―No mi señor no he visto a la señorita Ruth ―respondió mientras sentía que su corazón iba a salirse de su pecho.
― ¿Quiénes estuvieron de guardia ayer por la noche? ―preguntó molesto.
―Estuve yo con mi grupo haciendo guardia durante toda la noche ―dijo cabizbaja.
― ¿Y no miraste en ningún momento qué Ruth se escapará? ―cuestionó.
―No mi señor, todo el tiempo estuve aquí y no miré que la señorita Ruth saliera de la habitación ―mintió Ulises
―Ah, maldita sea, quiero que todos la busquen que levanten hasta la piedra más chiquita y la traigan aquí de inmediato ―gritó furioso.
―Está bien señor a como usted ordene ―respondió Ulises.
―Pero que esperan, muévanse ―gritó saliendo de ahí.
―Ya escucharon a nuestro amo, así que muévanse y recemos por encontrar a Ruth antes que rueden nuestras cabezas ―dijo Ulises.
Ulises junto a sus demás secuaces salieron en busca de Ruth por toda Merlín entrando de casa en casa, como amos y dueños de ellas, sin que les importara un poco lo que los propietarios de ellas dijeran, si alguien no accedía a que ellos entraran a las casas les ponían una pistola en la frente o inclusive los mataban, ya que si no encontraban a Ruth Alarick los mataría.
Mientras tanto Agatha no podía sacarse de la cabeza a Brigdoyoon le daba repudio la manera en que la trato o ¿acaso lo que experimentaba era una fase de amor a primera vista? Agatha no entendía lo que le ocurría su corazón se aceleraba cada que recordaba haber conocido en persona a Brigdoyoon. Al salir de clases mateo estaba a su espera, subió a toda prisa a su carro sin decirle una sola palabra a mateo.
―Señorita Agatha ¿le sucedió algo? ―preguntó Mateo
―No Mateo ¿por qué lo preguntas? ―dijo Agatha.
―Porque le he estado haciendo la misma pregunta una y otra vez y recién me escuchas ―respondió Mateo.
―Lo siento estaba distraída, es que hoy conocí al patán de Brigdoyoon Weinzettel ―dijo furiosa
―Vaya y por lo que veo, no ha cumplido lo que tú te imaginabas de como seria él ¿verdad? ―preguntó Mateo.
―Sí, además no le importa la manera en que sus sirvientes tratan a los invitados es un completo estúpido, no sabes cómo lo odio ―protestó Agatha.
―Vamos a casa, debes descansar señorita, hoy no fue un buen día para usted ―dijo Mateo poniendo en marcha el carro.
Mientras tanto Arday estaba feliz de que regresaría a su trabajo, aunque le entristecía dejar a sus padres solos después de que ella volviera de tantos años de no verlos.
―Hija no debes de preocuparte por nosotros estaremos bien, más ahora que sabemos que tú lo estas y que tienes un muy buen jefe en esa casa ―sonrió de manera cálida el padre de Arday.
―Lo sé padre, pero no sabes la tristeza que me da el dejarlos aquí, si fuera por mí los llevaría conmigo, pero no es mi casa ―sollozó Arday con una mirada triste.
―Vamos mi niña no debes de estar triste por nosotros, estaremos bien, vuelve a tu empleo y ven a visitarnos lo antes posible, mi bella hija ―acarició con suavidad el rostro de Arday.
―Está bien madre, gracias por darme los mejores momentos ahora que estuve con ustedes; espero volver a visitarlos pronto ―sonrió.
Alguien tocó la puerta de la familia Emrys, Grethel caminó hasta la puerta para ver de quién se trataba, se sorprendió un poco al ver lo puntual que había sido Brigdoyoon, al ir por su hija.
―Muy buenas tardes señora Grethel, he traído esto para ustedes ya que el día que vine por primera vez, fue muy descortés de mi parte venir con las manos vacías ―dijo Weinzettel con varias bolsas en sus manos y detrás de él su chofer con más bolsas.
―Pero… Pero joven no debió de preocuparse por eso, nosotros lo entendimos de la mejor manera, no era necesario que gastara su dinero en nosotros ―dijo sorprendida Grethel.
―Mamá ¿Qué está sucediendo? ―pregunto Arday caminando hacia donde estaba su madre.
―Este joven nos ha traído todas estas cosas en forma de agradecimiento por lo que hicimos por él ―respondió Grethel.
―No debiste de preocuparte por hacer este gesto de generosidad, haces sentir a mis padres como que si no tuvieran nada ―aclaró Arday.
― ¿Cómo les explico que no quise darles a entender eso Arday? ―le susurro al oído.
―No lo sé, jamás nos había sucedido algo así hasta el día de hoy ―respondió Arday.
―Vamos Arday debe de haber una manera, tú eres su hija, sabes mucho más de ellos que yo ―dijo un poco molesto.
―Sabría más de mis padres, si no me hubieras mantenido como una prisionera en tu mansión, sabría más de ellos si tú me hubieras permitido salir los días que te pedía que me dejaras verlos ―se quejó Arday.
Brigdoyoon, se encogió de hombros al escuchar aquello que Arday le había dicho, se dio cuenta en ese instante de lo egoísta que podía llegar a ser con las personas que lo rodeaban.
―Mamá, papá, por favor acepten lo que Brigdoyoon les ha traído, esa es la única manera en la que él sabe agradecer ―dijo de manera burlona.
―Está bien hija, pero joven, por favor que sea la última vez que nos agradece de esta manera ―dijo Grethel un poco molesta.