> pensó Agatha mientras recogía las cartas que estaban junto a la puerta.
Caminó hasta la habitación de sus padres, al entrar miró de frente el cuadro de su madre cuando estaba embarazada de ella, siguió caminando mientras se dirigía a la cama de sus padres pasó sus dedos por la mesa de noche de ellos, tomó el libro que su madre leía por las noches y lo abrió, al abrirlo un papel cayó de él, se agachó al recogerlo y se dio cuenta que era una carta al verla no sabía si leerla o no, o guardarlas todas juntas, pero su curiosidad le ganaba, así que decidió leerla, se acomodó en la cama abrió las ventanas y empezó a leerla.
Carta de Mónica Clorlk escrita para su hija.
" Para mí querida hija Agatha Clorlk "
Cuando leas esto, estaremos lejos de casa en un viaje de negocio, pido disculpa porque no hemos sido los mejores padres, hemos cometidos muchos errores contigo quizás sigas molesta con nosotros, esperamos que este tiempo que estarás sola en casa reflexiones un poco acerca de tu actitud así a como nosotros lo haremos, si tu padre últimamente te ha tratado de una manera diferente, es porque queremos enmendar el daño que te hemos ocasionado y no deseamos que en el futuro por tu actitud todos te lleguen a odiar, solo porque nosotros no te supimos educar.
Cuando me di cuenta que estaba embarazada, me sentí la mujer más feliz y afortunada y tu padre ni mencionar, brincó y cantó de alegría por toda la casa todo un día completo jamás lo miré tan feliz como ese día, recuerdo que conforme pasaban los meses el empezó a cosas de varón, pues no sabíamos que serías, pero tu padre decías que serías un niño grande y fuerte, al momento de tu nacimiento cuando tu padre miró que eras una niña, creí que se decepcionaría pero no fue así, al contrario dijo que él cuidaría de ti y te consentiría mucho y mira que lo ha hecho, por eso ahora nos sentimos mal, por haberte consentido tanto, te hemos consentido tanto que te hemos descuidado pero cuando regresemos del viaje, te prestaremos más atención, te llevaré fotos de los lugares en los que estaremos.
Se despide con amor, tu madre que tanto te ama.
Mónica Clorlk.
Agatha, al terminar de leer la carta escrita por su madre no pudo contener en todo el tiempo las lágrimas, el saber que su madre había visto que habían hecho mal y ahora querían remendar su daño, no lo podrían hacer nunca más, lo que aun más le dolía a Agatha era el hecho de que no pudo disculparse con ellos y decirles lo mucho que lo quería, pues todo el tiempo que ellos estuvieron con vida lo único que ella hizo fue tratarlos de la peor manera y hacerle que complacieran todos sus caprichos de niña millonaria. Suspiró profundamente y salió de la habitación de sus padres hacia la cocina, aquella enorme casa estaba vacía, tan vacía que escuchaba el eco de sus pasos al bajar las escaleras por todo el lugar, aun no entendía como de la noche a la mañana su vida había dado un giro de 360 grados, tenía miedo de leer las demás cartas, pero debía hacerlo, tenía que estar informada de lo que vendría ahora que sus padres habían muerto. Al llegar a la cocina Agatha prendió la cocina, tomó una olla y puso a hervir un poco de agua para prepararse un té verde, buscó una taza y le puso una cucharada de miel, pues aún recordaba como su madre le preparaba los té para tranquilizar sus nervios, caminó hasta la mesa que estaba en el centro de la cocina acomodo una silla y se sentó ahí, mientras tomaba su té empezó a leer aquellas cartas cuidadosamente, tan cuidadosamente que el té se había enfriado por completo, conforme Agatha iba leyendo las cartas se dio cuenta que se trataba de los senadores que habían sobrevivido y estado en la casa de ella la noche anterior, la lectura de aquellas cartas se hicieron cada vez más interesantes para Agatha, habían cartas de senadores que la alagaban y otras de senadores que la odiaban, pero una carta llamó la atención de Agatha, era del senador Amadeus Pork, quién le exigía que tomará el puesto de sus padres o de lo contrario él se encargaría de hacerla sufrir, de hacerla quedar en la calle debido a deudas que sus padres tenían. Agatha no sabía cómo tomarse aquello, si sacar las uñas o ser como una mansa paloma, pero lo primero le interesó más así que se dijo a ella misma que jugaría con fuego. Horas después de haber leído todas aquellas cartas subió a su habitación, pero no sin antes de asegurarse que todas las ventanas puertas y demás estuvieran bien cerradas y que nadie podría entrar por ellas, se metió entre las sabanas casi corriendo apago las luces y trato de conciliar el sueño que lo había perdido desde la noticia de la muerte de sus padres, antes de quedarse completamente dormida puso la alarma en aquel reloj que había dejado la alarma a las 6:00 am, pues estaba dispuesta a enfrentar a su enemigo de frente, no sabía si aquello era una locura, pero está dispuesta a no perder tan fácilmente lo que sus padres le habían dejado.
A la mañana siguiente Agatha se despertó con toda la energía del mundo dispuesta a enfrentar todo lo que se pusiera de frente a ella, escogió su mejor vestido, pues era uno color rosado de seda, con bordado de flores en todo el ruedo, poniéndose un pantaloncito por dentro de aquel incomodo vestido que le gustaba tanto, aunque odiaba que le apretara la cintura debido al corset que llevaba, haciéndole difícil el poder respirar bien. Subió al carro a como pudo, aun no sabía porque su chofer se había quedado con ella cuando todos los demás la habían dejado sola, pero estaba agradecida que él estuviera ahí para ella, al llegar a la casa de Amadeus todos se sorprendieron al verla llegar, pues nadie esperaba su visita, ni siquiera el mismo Amadeus.
―Señor Amadeus, la señorita Agatha está aquí ha venido a verlo ―informó Jack Clod.
―Gracias por informarme Jack, puedes marcharte ―respondió Amadeus, quién se puso de pie al ver a Agatha pasar la puerta del salón.
―Vaya que no has cambiado absolutamente nada Amadeus ―miró Agatha el alrededor de aquel salón con un poco de despreció.
―No puedo decir lo mismo de ti Agatha, has cambiado mucho desde la última vez que te miré y aun eras una niña que lloraba por todo ―tomó la mano de Agatha y la besó cosa que hizo que Agatha le diera un mal gesto.
―Deja el pasado atrás Amadeus, ya te dije que no corresponderé a tus sentimientos, además no he venido aquí a hablar de eso, he venido aquí a dar la cara para que mires la gran diferencia entre tu y yo, que yo si tengo el valor de decirte las cosas en cara y que te quede muy claro Amadeus, el que tus padres te hayan cedido el puesto más importante de todo esto no quiere decir que yo te brindaré reverencia o seguiré tus ordenes, no podrás despojarme de las cosas que les costaron a mis padres todos esos años de vida, así que conoce tú lugar ―respondió Agatha sin titubear aunque sus piernas le temblaban del miedo.
―Recuerda ante quien estás Agatha, no querrás que destruya tu vida con solo un chasquido ―levantó una ceja en señal de autoridad.