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1083 Palabras
"―Chicos, quiero presentarles a alguien." La sala quedó en completo silencio, los menores miraron las manos entrelazadas de su madre y ese hombre desconocido, haciendo que se desconcertaran por completo. ―Él es Kimbu, es un compañero del trabajo―dijo de forma neutra, los menores sabían que ella hacía eso cuando no quería mostrar su miedo. ― ¿Sólo compañero de trabajo? ―preguntó Taehyung, siendo observado a los segundos por la forma despectiva en que lo había dicho. ―No me hable con ese tono Kim Taehyung―perfecto, pensaron los menores, ya empezó con los nombres completos. ―quiero presentarlo como se debe, así que esperen a que prepare el almuerzo y nos sentaremos a hablar. Ninguno se levantó del suelo, ni siquiera los guardaespaldas, ya que sentían la tensión del momento y su misión era proteger a sus chicos en todo momento, sea de quien sea. El hombre desconocido se sentó en uno de los sillones, apartando con asco una de las latas de soda que habían bebido anteriormente. ―Bien ¿cómo echamos a este viejo lesbiano de nuestra casa? ―susurró Taehyung, haciendo que todos rieran bajito, recordando la canción. ―Primero dejemos que mamá hable, que diga lo que sea que tenga que decir y luego armamos un plan―dijo Jin, viendo como su madre bajaba los escalones, con ropa más cómoda. ―Esto es como juego de gemelas, solo que, en lugar de espantar a la cruela de vil, tenemos que sacar al viejo lesbiano de aquí―dijo Jimin, tratando de reír como los malos de las películas, logrando solo el verse adorable, haciendo el corazón de un chico pálido sufrir. ―Tal vez sea buena persona―agregó el mayor, intentando que sus hermanos no creen otro de sus malos planes, ya que siempre fallaban o terminaban empeorando las cosas. Park Sana, el nombre real de la señora Kim, entró a la cocina y vió lo que fue una linda cena en la mesada, ahora fría y sin tocar, sintió cómo su corazón se partía. Ella no tenía la intención de dejarlos plantados, pero había sido invitada a una cita y no pudo resistirse ante el hombre que le estaba atrayendo. No quería que los guardaespaldas le dijesen "señora Kim" ya que es su nombre de casada y sabe que sería incómodo para su nuevo atrayente, así que se asomó por la puerta de la cocina y llamó a los jóvenes, quienes se levantaron del suelo y caminaron hacia ella. ―Chicos, necesito que me hagan un favor. Díganme señora Park ¿sí? ese es realmente mi apellido―no explicó más, creyendo que los chicos no sabrían más, pero que equivocada estaba. ―Claro señora Park, como usted diga―los tres hicieron una reverencia, siendo corteses con su jefa. ―Y quiero que se lleven a los chicos arriba, tengo que botar...―miró hacia atrás, la cena y el pastel que ellos habían hecho para su cumpleaños―...que no bajen hasta que los llame. El trío de cabellos coloridos se indignó por lo que la adulta estaba a punto de hacer, así que el pálido tomó la iniciativa. ―No es necesario botar nada, puede guardarlo y comerlo luego, no llevan tanto tiempo fuera―la adulta miró las cosas y sonrió pequeño. ―Les llamaré cuando esté la comida, gracias chicos―intentó no ser tan brusca, pero los chicos sintieron el poco interés de la mujer por lo que sus hijos habían hecho para ella, haciendo que se extrañen por ello. Se dieron la vuelta y siguieron la indicación de la mayor, los chicos pidieron explicaciones y subieron incómodos cuando les dijeron que les contarían arriba. Jimin sintió su corazón partirse cuando se asomó por la cocina y vio a su mamá botar el pastel que él había hecho para ella. ••• ―Entonces les pidió que no la llamaran más por su apellido de casada... Todos estaban molestos, sólo que el sentimiento que rondaba por el cuerpo de Jimin no era solamente enojo, sino una profunda tristeza. ―Mochi ¿qué te pasa? ―preguntó Jin al ver a su hermano con la cabeza baja. ―Vi, vi a mamá botar a la basura e-el pastel que le hice―levantó su rostro y un puchero adornaba sus labios, con sus ojos llenos de lágrimas. Tae y Jin abrieron los ojos por la sorpresa. Estaba bien que pasara su cumpleaños con otra persona, esta bien que no quiera ser llamada por su apellido de casada, hasta estaba bien que tuviese pareja nueva, pero eso era un extremo. Jimin limpió sus lágrimas y sonrió cuando fue atraído por su hermano. Jin no separaba la vista de un punto neutro, aún no se creía lo que había escuchado. Miró a su hermano menor, llorando, tratando de ser alegrado por Tae y los guardias. Apretó los dientes y de un movimiento se bajó de la cama, caminando con decisión a la puerta, tenía que verlo con sus propios ojos, no se lo creía en verdad, su madre no era así. No le importó, que cuando pasó por la sala viera a ese desconocido abrir los regalos que compraron para su madre, y que ella estuviera sentada junto a él. Cuando San vio pasar a Jin hacia la cocina, se levantó, siguiéndolo. Jin avanzó y abrió el cajón donde estaba el basurero, viendo que era cierto, el pastel que Jimin tardó horas en preparar, había sido lanzado sin pena alguna. También vio la carta que le habían escrito juntos, sin abrir si quiera, llena del turrón del pastel. San lo vio con miedo desde la puerta, no dijo nada, sólo veía con miedo a su hijo y temía de lo que pudiese decirle o pensar en ese momento, ella no quería que fuses así. Jin levantó la vista, estaba nublada por las lágrimas y estas no evitaron salir cuando vio el cuadro que tenían en una de las repisas, volteado boca abajo. En esa foto estaban con su padre, la última foto que se habían tomado todos juntos, estaba boca abajo con la esquina del marco roto. ― ¿Qué te sucede? ―cuestionó con voz dura. ―que un hombre nuevo venga a la casa, no significa que tengas que desechar todo lo que te vincule con papá, hasta a nosotros. San lo miraba sin decir nada, estaba congelada en una piscina de culpabilidad, ella sabía que lo que hizo estaba muy mal. ― ¿Sabes cuántas horas se llevó Jiminie en eso? ¿sabes cuántas veces Taehyung se quemó al intentar cocinar por su cuenta, la cena que acabas de tirar? ―ella lo sabía, pero no pudo decir más cuando sintió una mano en su hombro, era él. Jin tomó la foto enmarcada y pasó al lado de ellos sin prestarles más atención, subiendo los escalones con molestia. ―Ellos se van a calmar, no te angusties―le dijo él y San confiaba en que tuviera razón.  
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