Zoe regresaba del consultorio, las náuseas de la noche la habían obligado a buscar un inyectable. Ella misma se había aplicado el medicamento y luego de esperar el tiempo recomendado regresaba a su casa con deseos de volver a dormir. Le llamó la atención que la puerta estuviera abierta, pero creyó que la había olvidado por la prisa que llevaba. Entró mientras se sacaba las zapatillas y la figura de Noah sentado inmóvil en el sillón la asustó. -Noah, me asustaste.- le dijo acercándose a él con una sonrisa. Al ver que él continuaba serio, no se animó a tocarlo. -¿Pasó algo? ¿Aaron está bien?- le preguntó ella comenzando a sentirse algo extraña. -¿No tenes nada para decirme?- le preguntó él intentando mantener la calma. Zoe lo miró sorprendida, no sabía de qué le estaba hablando y

