El jadeo en el salón fue grande y todos comenzaron a murmurar. Elena se quitó sus anillos y los colocó en su mano. La subasta dio inicio y las ofertas se elevaban de millón en millón. A Leonardo no le importó esto, así que decidió quedarse en un rincón. —¡Los anillos de la señorita León se han vendido por 30 millones! —El anfitrión sonó el martillo —felicidades a los compradores. Leonardo decidió irse al ver que todo estaba bien, cuando Elena miró que él estaba ahí y que estaba por marcharse fue que decidió sacar su as bajo la manga. —Bueno, los anillos solamente eran la entrada, ahora viene el plato fuerte —ella habló a través del micrófono y caminó a pasos largos por el auditorio —. Quiero subastar una cita conmigo, a cualquier sitio y cualquier destino. Cubriré todos los gastos, así

