La venganza del profesor Ricardo

454 Palabras
—¡Buenos días jóvenes! —exclamo el profesor Julio casi en un grito. Quién diría que hace un momento estaba de lo más relajado y hablando en baja voz — por favor tomen asiento señoritas —dijo mientras apuntaba hacia los asientos desocupados del aula. —¡Si! Muchas gracias maestro. Agradecimos y nos dirigimos al fondo del aula, una ventana enorme dejaba pasar la luz las rendijas entre los pequeños vidrios. —Aquí está bien —indico Andre abriendo el asiento y dejando su morral a un lado. —Si —asentí. Deje el mío a un lado y saque mi cuaderno con prisa. Las clases siguieron su curso con normalidad, la directora nunca se comunicó con nosotros en el transcurso del día para tomar en cuenta nuestra opinión como afectadas con su ex prometido. Al fin acabo la clase y todo era normal hasta que un altavoz resonó nuestros nombres. —Karen y Andre, por favor dirigirse a la dirección. Nos vimos entre sí y corrimos a la dirección. Al fin había llegado el tiempo indicado, esperamos mucho para ello y al fin nos habían llamado. Corrimos por los pasillos como unas locas. Todos nos veían como si estuviéramos locas y aunque si nos hacía sentir cómodas, también nos hacía sentir bien. Seguramente todas habían dicho algo en contra de él y solo necesitaban el último golpe. Al llegar en la dirección la maestra nos pidió entrar e invito a ambas a sentarse en las sillas al frente de su escritorio. —Señoritas —dijo con voz calmada —las acusaciones presentadas no fueron suficientes y por tal motivo el profesor Ricardo no será expulsado de la institución. —¿¡Que!? —exclamamos ambas al unísono como ya se hacía muy común. —¿A qué se refiere con que no será expulsado? —pregunto Andre con el entrecejo arrugado —¿No van a sacar a ese bastardo? ¡Es acoso lo que estaba haciendo! ¡Hasta el profesor Julio le llego a preguntar por cosas extrañas! Eso que hace ese infeliz no es normal, ni mucho menos permitido y lo sabe directora. —Claro que lo sé y opine lo mismo que ustedes —lanzo su cabeza hacia atrás dejándola reposar en la cabecera del sillón —aun cuando di todos mis puntos de vista, mi opinión profesional e incluso me dispuse a tomar responsabilidad, no quisieron, se negaron y no tuve más remedio que aceptar. —De todos modos está perdido —bufe cruel. Subí una pierna en la otra y continúe —en algún instante cometerá un error. De eso estoy muy segura y quien actúa como él lo está haciendo a ratos, no llega lejos.
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