—Eso veo… —mire desconcertada —para ser franca no lo vi, ni siquiera lo note hasta que Alex me dijo, pero nada importante.
Tire el bolso en la sala y me impresione al ver a mi madre sin hacer ni un gesto que incluyera la palabra recógelo con su mirada, o un gruñido, o cualquier cosa parecida a uno.
—¿Mamá?
—Dime cariño, ¿necesitas algo?
—No, bueno si, ¿no me dirás nada del bolso?
—Déjalo hay cariño, ahora lo subes a tu habitación, no hace mucha molestia allí —dio un sorbo a su café y yo abrí la boca sin creer lo que me decía.
—Vale… creo que estorbo, subo a mi habitación.
—¡No! —dijo nerviosa, Alex la miró fijamente —cariño, hay galletas, siéntate a comer, trae una taza para servirte el café.
—¿Vienes conmigo? —Dije con una gran sonrisa en mi rostro —No sé dónde están las tazas.
—Claro cariño, déjame ir contigo.
Dejo la taza sobre la mesa y me siguió hasta la cocina.
—¿Qué diablos está pasando? —Pregunté en cuanto vi una distancia segura entre Alex y nosotras —Alex está sentado como si nada, no me has regañado por mi bolso y hasta hiciste galletas.
Mi madre entrecerró los ojos y resopló.
—¿Cómo es que besaste a Alex?
—¿Te lo dijo?
—Algo parecido, dijo que lo habías ayudado, pero algo no cuadra entre tú y él.
—¡El idiota se sorprendió al ver a una ex, por una ex! Y lo peor es que paró en el semáforo —me tapé los ojos con los dedos de la mano e hice un gesto de fastidio— hay hombres que son idiotas.
—Me doy cuenta… —dijo Alex apoyándose en el marco de la puerta —primera vez que me llaman así.
—Lo siento, Alex, pero es verdad y lo sabes.
Una risa salió de su boca cuando me escuchó decir eso.
—Fuiste la única que me llamó así.
—Y aparentemente seré la única —camine hacia un cajón —para ser honesta, tienes muy mal gusto en las mujeres y ninguna te dirá que eres un idiota, solo te lastimarán.
—Karen… —escuche como su voz sonó deliciosa, seductora y mi nombre pareció seguro en sus labios con esa voz ronca que me apetecía por completo —vine a pedirle a tu madre que me permitiera salir contigo.
—Vaya, veo que eres de la vieja escuela —cruce los brazos —se nota que es así.
Él sonrió coqueto, sus ojos brillaban como dos luceros, ese hombre era jodidamente lindo y un amor de persona, lástima que tantas mujeres lo hicieron trizas.
Se veía tan lindo apoyado contra la puerta que hizo que mi corazón latiera con fuerza y se veía aún más lindo caminando hacia mí.
—Me gusta ser de la vieja escuela… También puedo abrir la puerta del auto para que entres, puedo pedirte que te comprometas conmigo, invitarte a pasar primero antes de irme yo y muchas cosas más —me dedicó una hermosa sonrisa y luego tomó mi mano —di que sí.
Cerré los ojos e incliné la cabeza. Quería ser su novia, él era el tipo de chico que amaba: dulce, amable, cariñoso, guapo, seguramente sería un buen padre, un verdadero caballero y lo mejor de todo, era el combo completo y era serio.
Pero mi corazón era de Pablo, aunque no me hiciera caso, aunque tuviera novia, aunque me odiara por besar a Alex, mi corazón era suyo y lo conquistaría, me aseguraría de hacerlo.
—Lo siento Alex, alguien más tiene mi corazón y no puedo dártelo.
El chico frente a mí sonrió triste, desilusionado y herido, pero aun así no era el chico elegante que yo conocía.
—Respeto tu decisión, Karen —inclino una sonrisa —Te seguiré esperando, sé que algún día estarás para mí.
Tomé su mano y lo vi con una sonrisa en mis labios.
—No te preocupes, no tienes que apresurarte para encontrar a alguien para ti.
—No voy a dejar de luchar por ti —esas palabras salieron en un tono serio —Sé que eres tú y no me voy a rendir.
Lo vi con dolor, el corazón se me encogía cada vez mas de solo escuchar sus palabras sobre no rendirse sin saber que la guerra con todos los hombres que conocí después de Pablo, ya estaba perdida.
El único chico que quería y esperaba en mi vida, era Pablo y solo estaba buscando la manera correcta de decirle a mis sentimientos.
—Alex, perdón que no haya podido fijarme en ti y me duele aun más que tengas esperanza de que alguna vez pueda hacerlo.
—Se qué quién te gusta es el chico que me vio con cara de que me quería asesinar —soltó con una carcajada en sus labios —confieso que me dio miedo su cara de asesino serial, pero no me rendiré tan fácil, no importa que digas.
Negué con la cabeza mientras sonreía, definitivamente este chico sería difícil de convencer y no era para nada como los demás.
—Si te parece bien hacer eso no puedo hacerte cambiar de opinión y de todos modos no me harás caso.
—En eso tienes toda la razón —sonrío de lado y yo le regale un abrazo —Gracias por el favor que me hiciste.
—Para esos son los amigos.
El chico hizo un gesto de dolor y después soltó una risa, acarició mi cabeza y plantó un beso en ella sutilmente como si no quisiera despeinarme.
—Dolió y al mismo tiempo reconfortó esas palabras, Karen.
Sonreír y terminé de compartir con ellos el resto del día antes de subir a mi habitación, no importaba sí me acostaba tarde arreglando las maletas para el día siguiente, solo sabía que debía de asistir y no quedar mal con Andre y Ryan.
Al rato de terminar de hablar sobre un montón de cosas Alex se despidió de las dos con una enorme sonrisa en su rostro mientras que el de mi madre dibujaba una clara tristeza.
—¿Está bien? —pregunte ya sabiendo la respuesta.