Esperaba ansiosa poder saber que estaba escondido en aquel pañuelo. Desde que lo vi en el bolsillo de su pantalón, me llamo de inmediato y quise ver como se veia "aquello" que se encontraba guardado.
Sentí unas inmensas ganas en mo vejiga, era un sentimiento muy conocido, un sentimiento que casi siempre sucedía en mi cuerpo.
—¡Profesor!, ¿Puedo ir al baño? —pregunte mientras apretaba fuerte mis labios.
El solo me vio con cara rara para luego asentir con la cabeza. Seguido de su asentimiento agradecí y me levanté de inmediato llevándome todas mis pertenencias.
—¡Corre! —grito mi amiga sin compasión.
—¡Si! —y, de un brinco llegue a la puerta del baño específico de las damas.
Se escuchaban sonidos emergiendo de allí, no quería entrar en ese lugar por nada del mundo y en efecto no entraría alli, además, ¿Por qué debería de hacerlo? No es obligatorio cuando escuchaste algo asi.
Aun así, la vejiga no aguanta eso y a cambio, exigía entrar si o si.
Una idea se me ocurrió... Y fue entonces cuando dije:
—¡El baño para caballeros!
Fui corriendo allí para entrar como la propia loca.