El renacer del hombre que lo perdió todo

1404 Palabras

Las cortinas se mecían al ritmo del viento. Un rayo de sol entraba tímido por la ventana, acariciando el rostro de Max, que por fin había dejado atrás la sala de cuidados intensivos. Estaba en una habitación privada del hospital, una con paredes color crema, sillones cómodos, flores frescas en un jarrón, y un silencio tan sagrado que parecía un santuario. Abigail llegó temprano, como cada día. Vestía una blusa blanca y un pantalón beige, el cabello recogido en una trenza suelta. En sus manos llevaba una bolsa con ropa limpia, una toalla nueva y una máquina de afeitar. El corazón le latía fuerte… pero esta vez, no por miedo. Era amor. Era cuidado. Era redención. —Buenos días, Max —susurró al entrar. Él volteó con esfuerzo, su cuerpo aún débil, su mirada más viva que nunca. —Parec

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