Max salió de su oficina puntual, como si una brújula invisible lo llevara directo hacia algo especial. Apenas subió a su camioneta, el chofer de la casa se le acercó con una sonrisa cómplice y un sobre en la mano. —Señor Max, esto es para usted. Orden directa de doña Abigail. Max lo tomó, extrañado, y abrió el sobre. Dentro, una nota escrita con su caligrafía delicada: “Esta noche no manejes. Esta noche no planees. Esta noche solo déjate querer. Ponte guapo… como aquella vez que me robaste el corazón. El chofer sabe a dónde ir. —A.” Sonrió como un adolescente. Se quitó la corbata con agilidad y, al llegar a casa, se vistió con uno de sus trajes preferidos: el n***o a medida, camisa blanca, zapatos de charol impecables. Se peinó con paciencia, perfumado justo como a ella le gustaba. Al

