Alejandro estaba sorprendido, nunca antes había visto a su padre tan molesto. En su rostro se mostraba una decepción profunda hacia él y eso le hacía sentir mal, pero, ¿qué culpa tenía él de haberse enamorado de la que fue su sirvienta? Como dicen: el amor no mide consecuencias y ahora lo está poniendo a prueba.
No pudo detener a su padre. Este abrió la puerta del baño. Alejandro cerró los ojos y respiró profundamente antes de entrar a la velocidad de un rayo detrás de su padre.
—¿Cuál es el miedo que tenías? Aquí no hay nadie— dijo el señor. Ahora con una sonrisa, pues sus sospechas no habían sido ciertas. Él estaba seguro y juraba que su hijo ocultaba a una chica allí.
—¿Ves? Te lo dije desde un inicio. Pero tú me has juzgado en vano, papá, me siento triste por eso—. Lamentó, fingiendo estar adolorido de su corazón.
—Lo siento, hijo, papá, volverá a casa y tú continúas trabajando.
El señor abrazó a su hijo y se marchó. Alejandro revisó minuciosamente dentro del baño, dentro de la habitación, pero no había rastros de la dichosa Abril. —¿Qué te hiciste, pequeña? Preguntó en silencio para sí mismo.
Volvió a su escritorio, tomó el teléfono y marcó el número de ella.
—¿Ya se fue tu padre?— preguntó ella de inmediato al responder al primer tono.
—¡Qué alivio, pequeña! ¿Dónde estás?
—Estoy en la cafetería. Cuando escuché su voz, escapé por la puerta de emergencia.
—¿Cómo sabías que eso existía?
—Lo descubrí mientras buscaba un lugar donde no me pudiera encontrar tu padre. Quizá los nervios ayudaron a que mi mente se aclarara.
—Tu blusa está hecha pedazos. Iré a una tienda y compraré una para ti. No quiero que andes exhibiendo lo que es mío.
—¡Ja, ja, ja! Eres tan idiota que continúas con tus bromas aun cuando casi hemos sido descubiertos por el jefe de familia. Por cierto, ya me cambié de camisa. Tuve que volver a usar la misma que andaba el día de ayer y que guardaba en mi cartera.
—¿Escuchaste nuestra conversación?
—No. Solo escuché la voz del señor Venancio y corrí buscando cómo escapar.
Alejandro suspiró con alivio. Ella no escuchó nada y eso lo hace continuar con su plan hasta lograrlo completamente. Y es que, para poder conquistar el corazón de Abril, él mintió diciendo que su relación con Gabriela había llegado a su fin cuando la realidad es otra.
Enseguida le pidió que fuera a la oficina. Estando allí, recordaron la adrenalina que sintieron cuando casi los descubrieron a punto de follar. Alejandro no le comentó que su padre había encontrado los botones de su blusa, ella se preocuparía y se pondría nerviosa cada vez que viera al señor Venancio.
—Pequeña, ¿qué tal si terminamos lo que dejamos iniciado?
Propuso. Rodeándola por la cintura y tratando de incitarla a pecar nuevamente.
—Ni se te ocurra.
Lo detuvo de inmediato.
Ambos sonrieron. Las experiencias que han vivido desde que se conocieron hasta ahora, son de locos.
Más tarde, Alejandro recibió un mensaje de texto de su madre en el que le pide que vuelva temprano a casa para cenar en familia.
Finalmente, él volvió a casa, su madre lo recibió con alegría, pues su esposo ya le había comentado el motivo por el cual no vino a dormir la noche anterior. Ella le hizo saber lo preocupada que estaba luego de enterarse de que aquella alergia había hecho su mal efecto.
—Mamá, estoy agotado. Solo comeré un poco para luego ir a descansar.
—Está bien— le respondió su madre con una sonrisa que nada ni nadie puede comprar.
En el comedor…
—¡Bienvenido, hijo!— dijo su padre levantándose de la mesa.
Pero resulta que allí no estaba solo él. Gabriela estaba sentada también y lo observaba con un rostro de felicidad.
—Pensé que estabas de viaje— comentó Alejandro sin siquiera dedicarle un saludo.
—Desde ayer estoy aquí en tu casa— le informó ella.
—¡Cómo!— exclamó Alejandro. Volteó a ver a su padre al recordar lo que él le advirtió en la mañana cuando dijo: "nadie te podrá salvar al trasero cuando tu madre y tu prometida te pidan explicaciones".
Afortunadamente, él había confesado que no estuvo con Gabriela, como lo mencionó en un inicio, sino que había estado en un hospital; de lo contrario, en este momento quizá ya estuviera siendo interceptado por ellas.
—Ya que estamos todos aquí reunidos. Quiero hacer un anuncio muy importante.
Declaró Alejandro, dejando a todos a la expectativa.