Poco a poco podía sentir como mi consciencia regresaba, como cada parte de mi cuerpo iba despertándose lentamente. Lo primero que logré percibir fue un fuerte y potente aroma a camilla de hospital, lo cual me hacía sentirme algo desorientada, hasta que recordé a Rym y el diagnostico que le habían dado, en ese momento abrí mis ojos y me levanté rápidamente de la cama, mi mirada se clavó en la puerta de entrada de la habitación. __ Laia, cielo, ¿A dónde vas? Mis ojos se abrieron de par en par, miré hacía atrás con brusquedad, y el corazón se me estrujó: ahí estaba ella, con un tubo de oxigeno en su nariz, rodeada de cables y un suero que tenía en su muñeca derecha. Corrí a abrazarla desesperadamente mientras empezaba a llorar. Ella correspondió mi abrazo con delicadeza y ternura. Su

