La noche llego con anticipación.
Aunque no sabía porque iría a la casa de la chica solo avanzo, propondría a que las cosas entre ellos, estaban mejorando, aquella pasión estaba en el punto máximo de su pecho, el chico tuvo que contenerse de no mostrar aquella terrible erección que salía desde su pantalón cuando la abrazo, estaba consumiéndose por ella.
Necesariamente fue a ella.
También tenía que buscar la respuesta a los ojos de la chica.
O empaparse en el lienzo de la ignorancia y solo vivir el momento.
Probablemente estaba en una emboscada del amor, estaba siendo prisionero de las bellas muchachas que lo rodeaban, pero tampoco podía dejarse llevar por ellas, tenía que ponerle freno a alguna de las dos.
—Llegue.—Dijo cuándo se puso en la puerta de la casa.
—Pasa—Abrió la puerta inmediatamente.
Lentamente se incorporó a la mesa.
—¿Bueno entonces que hacemos?
—Ver películas. Que más…
Simple era un cita, probablemente.
—Ver películas a veces requiere de una gran concentración—Agrego Alex—Si te pierdes un minuto, ya no te enteras de que va. Es como hacer una escultura en madera, hay que tener mucho cuidado.
Aleisha estaba sorprendida.
—¡Exactamente! Nunca pensé que alguien pudiera comprender, que la historia se desdibuja si te pierdes algo de la peli.
Rieron juntos.
—Probablemente >—Ella reconoció las palabras inmediatamente, Alex estaba buscando algún bocadillo en la cocina.
—¿Conoces el principito?
—Lo he leído, pero aun no entiendo muy bien su moraleja.
—Entonces eres un viejo. !Ja!
La risa de Alex llego como la presencia de un helicóptero apache en la zona.
—Si seguro que seré algún viejo. —Paso sus manos con parsimonia por la cabeza. Rascándola paulatinamente.
Ella se enfocó en coger de la Tablet alguna película que definiera su actitud, busco entre tantos títulos para conseguir alguna que le gustara a el muchacho.
—Esta.—Dijo y enseño la Tablet a Alex. Este afirmo con la cabeza—. Entonces será esta, bueno apagare las luces, ponte cómodo.
Su presencia no la incomodaba por el completo, a pesar de que todos los demás hombres que pasaban un día en su casa, la aburrían, para Alex pasarla con ella no era nada mas una dulce fantasía, entonces se acomodó en los sillones buscando alguna que otra parte para dejar caer su cuerpo cansado.
Poco después la lluvia empezó a caer a cantaron por la ventana.
Otra tormenta.
Alex miro por la ventana, lluvia fuertemente.
—Empezó a llover nuevamente.
La voz de Aleisha volvía a estar presente.
—Seguro que tardara algunas horas para que pare.
—Si igual, vamos a ver una película, te quedaras hasta que termine todo, y no voy a permitir que te vayas apresurado, no me gusta que me dejen en medio de algo.
Ella se acomodó en el sillón, se sentó como una doncella, fina y elegante, mientras que el camino en dirección al sofá y se dejó caer de lleno.
—Empecemos a ver la película…
Pasaron algunas horas, el jugueteaba con las manos de la chica, así como si fuera una coincidencia, paulatinamente se acercaba más a ella, poco a poco, con alguna maraña equivalente, para tocar su cuerpo, sintiendo aquel bello y efímero calor, tantas emociones contenían su corazón que se sentía drogado.
Pasaron algunas cosas, entre ellas que la chica ya no se podía escapar de las marañas y trucos de Alex, y el sillón se le terminaba, por una hora tuvo que tenerlo encima de si, esperando que se diera cuenta, que estaba incomodándola un poco, pero también encontraba algo de morreo en eso, estaban jugando, con los demás hombres, escasamente le daban una caricia, o jugaban con ella, en el buen sentido, solo era sexo y faje, no le gustaba que fueran tan toscos, es que ninguno podía ser más humano y ponerse en sus zapatos, más el único que había podido entender eso era Alex. Aunque también sabía que buscaba algo de ella, tan siquiera un beso.
La película termino bien.
—Tengo que levantarme iré al baño. —Dijo ella yéndose de la sala.
—Bueno.
Alex no entendía porque estaba haciendo semejante estupidez, pero tampoco quería perder a su vecina que era lo único que tenía en fe, porque lo demás le importaba poco, apreciando aquellas cosas que tenía en la sala: una pequeña chimenea que funcionada, algunas esculturas de madera, muy buenas, y papel tapiz, de color pastel, era bonito y relajante era como un pequeño mundo femenino, sin un toque de la rudeza varonil.
Probablemente era una de las casas más bonitas del barrio, y era solo porque su propietaria lo reflejaba completamente. Era linda ordenada, bonito, hermosa, tenía buena cara, una tex e impresionante, era la única que lo pudo atrapar en su corazón del resto de las jóvenes que pensaban que estaban interesadas por ella, ella no era el queso que los ratones persiguen, era más como el gato que comía a los ratones. Pero también sentía que aún estaba distante, que le faltaba comprender algo de ella, era lo único que pensaba. Era lo único que podía pensar.
Ella regreso con una sonrisa en la cara.
—Ya volví. ¿Qué vemos ahora? la tormenta está muy fuerte aun, tenemos algo de tiempo.
—No lo sé, escoge tú.
—Has dicho lo mismo las últimas dos horas.
—Que te puedo decir, eres alguien que no se puede contener con mucho material, entonces dejo que elijas tú.
Ella hizo una mueca.
—Entonces probemos con alguna otra.
Empezó a buscar en su Tablet otra película.
Alex pensaba que los cabellos que caían desde su cabeza hasta los hombros eran de lo más hermosos, eran como un rayo de luz en la oscuridad de la sala, era como un sitio al donde se podía ver con claridad, sin que fuera necesario prender los focos de la casa.
—Aleisha…—Dijo el— tu eres una chica muy solitaria ¿porque?
—¿Es que es un delito ser solitaria?
—No, claro que no. Posiblemente seas una chica muy reservada, pero lo que intento decir, es que es raro ver a alguien tan linda como tú, tan sola.
—No es que este tan sola, como tú dices. Es que donde vivía tenia pocos amigos, y me acostumbre a eso.
Posiblemente esa era una respuesta justa, era lo que estaba buscando una respuesta muy clara, muy concisa, significativa para él, mientras que Martha si quiera podía responder una pregunta tan fácil, como la que le había hecho.
—Entonces probablemente, seas alguien que solo le gusta tener un par de amigos, para variar, pero eres del tipo impopular.
—Exactamente.
—Me parece bien, nunca he escuchado de alguien que tenga muchos amigos, y salga bien.
—¡Ja! Tampoco es que quiera ser muy popular. Trae problemas.
Los cabellos dorados estaban más brillosos de lo común.
—¿Pero tienes a alguien siquiera?
—Tengo una amiga, la conocerás pronto.
Probablemente ella se guardaba sus ideas acerca de Alex, pero tampoco quería contarle absolutamente todo.
—Tengo que decirte algo,—Hizo énfasis en la palabra >— en unos meses, cuando termine de pagar el dinero que te debo, y además pueda concentrarme en hacer algunas cosas más, tendré que irme de vuelta a mi pueblo. Es muy lejano, entonces tendré que deciros a todos adiós.
—Me estás diciendo que te vas en uno meses.
—Algo así.
—¿Y por cuanto te vas?
—Para siempre…
Un silencio invadió la sala.
La mente de Alex aún estaba parada en el momento de la declaratoria.
—Para siempre es mucho tiempo.
Fue lo único que pudo contestar.
—Tengo que regresar ya es hora. Vine a la ciudad para poder superarme, pero no está funcionando del todo, estoy gastando más de lo que debo, y me estoy endeudando también, entonces he decidido volver. Tal vez sé que tu no me estas apresurando para que te pague, pero me da pena, y también siento que no es mi deber, porque debería estar trabajando para ganarme la comida, estar produciendo algo, pero aquí encerrada soy solo gastos, y atraso para mi familia, lo he pensado bien, mientras me quede aquí, sin nada seguro. —Suspiro con melancolía— está claro que tú apenas me conociste ahora y que quieres conocerme más, pero tengo que decírtelo ahora, para no ser cruel, contigo, para que el día que me vaya, no pienses que me fui sin decir nada.
Ella se encogió de hombros, y adquirió una pistura pusilánime, Alex quiso besarla hasta quitarle la tristeza de los ojos. Pero se contuvo y solo puso una mano encima de su cabello.
—No me sentiría enojado contigo nunca. Tal vez no ahora, ni creo que un futuro. > —Explico con tenacidad— eso dice el principito, tiene que hacer referencia a algo así, algo como que cada persona sigue su camino, que tiene que seguir. A donde va. En donde está, y a dónde quiere ir, es algo que solo el ser mismo, puede comprenderlo. Cada quien tiene algo que hacer.
—>—Contesto— eso nos hace personas. No tenemos nada que nos ate, al mundo, o a una persona a nadie. Somos como el viento, completamente libres.
—Sí. El principito es muy bueno. ¿Parece que te gusta mucho?
—Es de mis favoritos.
Esbozo una sonrisa tierna.
—Tienes tiempo aun. Aunque no podemos distraernos, porque una distracción solo nos llevaría a un error, que puede matar a la rosa.
—Exacto. Por eso cada momento es valioso. Es momentáneo, pero a la vez queda para siempre en mis recuerdos. Aunque no pueda ver a nadie, los llevare en mi corazón, así como el principito lleva a su rosa.
Alex guardo por un momento silencio.
—Entonces estaré aquí esperando en el valle de mis recuerdos, estaré esperando a que bajes de las nubes y vuelvas a tomar mi alma, vuelvas a besarme y volver a ver tus ojos, entonces cuando nadie más me vea, tú me llevaras cargado entre tus brazos, para que me guíes al paraíso, donde estaré contigo por el resto de la eternidad.
Guiño un ojo.
Aleisha no sabía que las palabras del hombre, estaban siendo creadas por su corazón. Solo veía una bonita mirada, que expresaba sufrimiento y dolor, a la vez de esperanza. Alex estaba siendo romántico.
—No sabía que te gustaba ser tan dramático.
Rio un poco.
—No para nada, pero es que el momento lo pedía.
Aleisha nunca antes pudo experimentar que un hombre, le dijera cualquiera de esas palabras tan bonitas, llegaban a su corazón como lo hacía su misma sangre, era un momento precioso.
—Prenderé la chimenea.
—Precisamente lo iba a hacer yo.—Mascullo Alex.
—No quédate ahí.
Eran momentos invaluables para el muchacho, tenía un sentimiento dentro que no podía explicarlo. Estaba vivo, algo que antes no podía sentir, estaba vivo. Estaba sintiendo, respiraba el dulce olor a pino de la sala de su vecina, el calor que desprendía ella, lo sentía en su corazón como suyo. Aleisha prendió la chimenea, tenía algunos troncos pequeños apilados perfectamente en una hilera uno sobre otro amontonados en una esquina de la casa. Busco algunos troncos pequeños, entonces los metió en la chimenea donde prendió fuego devastador, una fuerte llamara broto, el combustible, necesario para el calor.
—Aquí, en casa, siempre las cosas son frías, entonces hecho un tronco a la leña y a casa se empieza a calentar, se empieza a poner más suaves, el frio es horrible nadie debería sentirlo. Nadie debería estar bajo el. Es como la lluvia, es bonita, pero tampoco es buena en exceso.
—Es bonito estar en contacto con el frio. Pero no en exceso como tú lo dices.
—¿Siempre has vivido aquí?
—Sí. Pero un tiempo me mude para la ciudad, estuve contemplando la naturaleza. Me mude a unas montañas en las lejanías, aprendiendo de todo, de la forma en la que se cosecha la comida, de la forma en la que el espíritu pueda ser libre, como el viento, sin raíces. Sin necesidades, sin agua sin comida, solo el espíritu.
Se golpeó el pecho.
—Yo vengo de los campos, mi madre y mi padre Vivian en una granja, en realidad todavía siguen en eso, pero solo mi padre, porque mi madre, se fue, ella sí que aprendió del principito. —El exhalo— pero luego aprendimos a vivir sin ella, era como una oportunidad que nos estaba dando el mundo, porque podía ser libre, tanto ella, como yo y mi padre, luego vine a parar aquí. Entonces empecé a trabajar donde mi tía para poder costearme la universidad, pero me gusto más la parranda, entonces la deje, creo que como tu viste, tenía talento, pero no tenía nada de entusiasmo.
Porque a veces pienso que las cosas, son un poco injustas para los seres humanos, a veces la vida es muy cruel, ya amoral.
El chico se levantó del sillón, tenía necesidad. No podía aguantar ver esa cara tan linda recordando malos momentos. Y la estrecho en un fuerte abrazo.
—Lo entiendo.
Ella no se contuvo, tampoco trato de separarlo de encima suyo, estaba consiente que debía hacerlo, tenía que dilatar todo ese sufrimiento con alguien que le pudiera dar un abrazo amoroso, quien mejor que el muchacho, estaba enamorado de ella, seguramente lo noto, por el cómo le hablaba. Como la trataba.
—A veces la vida es una mierda.
—No seas tan grosero.
—Solo lo digo.
El chico volvió a sentarse en el sillón, ella estaba frágil por dentro, como una fina taza de cristal.
Ella fue directamente al baño. Estaba completamente llorando, sacaba lagrimas como si fueran apenas unos respiros, era casi imposible dejar de llorar, se sentía mal, estaba consciente de que lo había echo a posta. Se abrió ante el chico, no tenía más opción que seguir con él, mucho más cuando sabia lo dura que había sido su vida, en el hipotético caso que hubiera sido un chico extraño, nunca hablaría sobre su pasado, pero con él podía hacerlo. Tenía que hacerlo, liberarse de ese peso que estaba sintiendo todos sus días, aquellos que podía sentir en medio de las noches, cuando las pesadillas la atormentaba, la ciudad la estaba consumiendo como un cigarrillo encendido.
La vida era dura.
Las cosas de la vida eran demasiadas duras.
Entonces claramente cuando nos golpea caemos aturdidos.
No era el caso de Aleisha porque quería superarse para luego obtener aquellos sueños remotos que esperaba se hicieran realidad.
Paz, era lo que ansiaba el alma turbada de la chica.
—¿Estas bien?—Alex se había acercado lo suficiente al baño, para ver que estaba llorando.
—Si Alex, tranquilo, solo fue algo que pensé, solo es que… sabes soy muy sentimental.
—¿Te duele el que tu madre, se haya ido verdad?
—No es eso…
—A todos les duele. No tienes que mentirme.—El esperaba afuera del baño— hablemos. Se lo duro que es.
Abrió la puerta del baño, ella estaba tirada en el inodoro llorando. El poco a poco ganándose su confianza se fue acercando.
—¿Estas bien?—Volvió a preguntar.
Ella afirmo con la cabeza.
—Todo es un proceso en la vida. Tienes que ser fuerte, tranquila que ya tienes a alguien que te acompañe.
—¿A costa de qué?
—Me duele que me compares con un simple superficial, no te estoy cobrando.—Empezó a secar sus lágrimas.
—Nada es gratis en la vida.
—He pasado por lo que estás pasando.
—¿Tu padre?
—Sí.
Él se arrodillo hasta que quedo enfrente de ella.
—Mírame.—Pidió con ternura.
Ella obedeció las palabras del hombre.
—Tienes que confiar en mí.
>
—Sé que desconfías de los hombres, pero te juro que yo no soy como el resto, no lo has visto con lo poco que te he demostrado.
>
—Quiero creer Alex…
—Entonces, por favor déjame ayudarte, déjame contarte toda mi vida, para que confíes. Para que veas que no soy igual que el resto, para que veas que te puedo convencer, para que veas que te puedo hacer creer.
—No lo sé Alex.
Los trenos de la tormenta retumbaban como nunca antes.
—Tenemos toda una tormenta para poder conocernos bien, vamos que no te voy a defraudar. ¿Vale?
Estiro sus manos hasta rozar las de ella, ella también hizo lo mismo.
—Alex, no es que desconfié de ti, solo es que mi personalidad involuntariamente me hace dudar.
Alex sonrió tenía una respuesta para todo.
—Entonces tendré que combatir contra esa mente tuya.
Como le negaba al corazón lo que Alex quería, estaba claro que ella también quería estar a su lado, también se sentía viva cuando lo hacía, pero como podía, si su mente lo impedía cada vez que le ponía una mano encima, cada vez que estaba a punto de tocarla sentía como una espada la atravesaba por completo cansando dolor innato. Verborrea con algo de entusiasmo, quería tener una oportunidad.
—Espero que me puedas soportar.
—Lo hare. Lo veraz.
—¿seguro?
—Al cien por ciento. Escúchame no te voy a dejar sola.
Seguramente en su vida fue la primera vez que escucho algo parecido. —No hundiré la cabeza. No vacilare. No lo hare, confía en mí, o mejor confía en ti misma, confía que tu ser me ha escogido a mí, como un amigo, como un confidente, como más, pero primero confía en ti, yo no te defraudare, porque confiare en ti confiando en mí, a si no decepcionare.
Los ojos de Alex, estaban completamente iluminados, deseaban el ayudarla.
>
—Pienso que es un poco excesivo posiblemente.
—No.
—¿Porque lo sabes?
—Porque he visto lo que es la soledad, no quiero que nadie lo pase. Tan siquiera si puedo evitarlo lo hago.
—¿Soy tu rosa?
Alex callo rotundamente.
—Si eres mi rosa, y te cubriré del mundo con un domo de vidrio. Entonces te vigilare todos los días, en mi pequeño planeta.
Ella rio.
—No es necesario tanto.
—Pero sabes que no te voy a decepcionar.
Ella afirmo con su cabeza.
—Mejor demuéstramelo.
—Entonces empezaremos mañana. Rehabilitare ese corazón roto. Te lo juro por mis puntos.—Alex sonrió.
Aleisha Volvió a reír.
>
Los humanos siempre estaban moviéndose con el viento, siempre podían cambiar todo, sus nombres, sus creencias, su pasado, entonces Alex se empeñó en hacer que la chica entendiera que todo podía ser un solo espejismo de la vida, pero que no podía encontrar tampoco una persona que la quisiera, si no se quería a ella primeramente, que tenía que dejar que su alma palpitara libre, que ella se basara en las muchas cosas de la vida, que estaba dejando pasar, por un trauma absurdo, Alex era experto en la materia, la soledad lo había acompañado totalmente desde hace tres años, entonces sabía que era sentirse limitado y derribado.
Posiblemente las cosas entre ellos mejoraban a cada paso que daban, no era algo sustancial, pero su estaba quedando en el corazón herido de la chica, estaba haciéndose un hueco en donde se iba a quedar acampando por un largo rato.
—Cuéntame sobre tu madre, primeramente.
Dijo Alex algo cansado de estar arrodillado.
—Pero primero vamos a la sala.
—Echo—contesto Alex.
La aptitud de la chica estaba cada vez más animada. Estaba por decidirse cuanto más podía soportar con aquellos recuerdos, hasta que empezara a llorar…
Estando en la salita ella empezó a hablar.
—Hace mucho que no la veo. Solo se, que ella se fue cuando tenía quince años, era una adolescente, aun iba a la preparatoria, el pueblo era demasiado pequeño, y la gente se enteraba de todo, lamentablemente ese fue el chisme principal durante un año seguido, nada les parecía más divertido que estar encima de mí, molestándome por ser la única chica, sin madre, entonces fui su objeto de burla.—Ella seco otra lagrima que caía con desdén por su cachete— no fue mucho problema para mí, me acostumbre rápido, pero muchos me dieron la espalda, pensaban que era una chica que trae la mala suerte.
Los primeros días solo llore, estaba tan amargada que no quería ver a nadie, mi padre también estaba como yo, preocupado, desesperado en intriga, nadie sabía en donde estaba mi madre, a donde había ido, ni mucho menos, si regresaría algún día. Eran esos sentimientos los que me hurgaban la cabeza todos los días, por un año entero, puesto que nadie quería conversar conmigo en la escuela, solo me adapte a estar sola, recuerdo que la única que me hablo para esas entonces, fue una amiga que llego de la ciudad, y como era una rebelde sin causa, no le gusto, que nadie me hablara, así que fue ella la que me hablo, aunque también se echara de enemigos a los demás.
Filtre todos mis sentimientos con ella, fue una gran ayuda, para mi ella se había convertido como en una hermana, se llama Aura, entonces cuando se acercó a mí, no tuvo miedo, no tuvo intriga no tuvo desprecio, la admiré mucho, en esa escuela había que tener valentía para hacer algo en contra del sistema